El último debate sobre el Estado de la Isla celebrado en el Cabildo de Tenerife dejó una idea de fondo que va mucho más allá de la gestión del día a día; Tenerife quiere convertirse en uno de los territorios atlánticos más innovadores, sostenibles y preparados de Europa sin renunciar a su identidad propia
“Las sociedades que avanzan no se limitan a gestionar el día a día. Son las que entienden que el futuro no aparece de repente: el futuro se prepara”, ha expresado la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, en su discurso sobre el Debate del Estado de la Isla.
La frase no fue una simple apertura retórica. Funcionó como columna vertebral de toda la intervención pronunciada por Dávila en un debate que tuvo menos tono de balance anual y más ambición de hoja de ruta para la próxima década.
El mensaje central fue claro: Tenerife quiere dejar de pensarse únicamente como un destino turístico y empezar a proyectarse como una isla capaz de competir en innovación, tecnología, sostenibilidad, conocimiento y calidad de vida.
No desde la resignación insular, sino desde la ambición. Porque el discurso refleja una Tenerife que pretende moverse como las grandes regiones metropolitanas europeas, proteger el territorio con herramientas pioneras en España y construir una economía menos vulnerable a los vaivenes globales.
Y, al mismo tiempo, hacerlo sin desdibujarse; es decir, siendo una isla que quiere crecer sin parecerse a todas las demás. Porque hay un elemento que atraviesa prácticamente toda la intervención: la idea de que modernizarse no puede significar perder identidad.
La Tenerife que se proyectó ayer quiere atraer talento tecnológico, desplegar satélites, ampliar supercomputadores o desarrollar energía geotérmica, pero también conservar el paisaje, reforzar el producto local, proteger sus espacios naturales y mantener vivos sus barrios, tradiciones y deportes autóctonos.
Ese equilibrio entre modernización e identidad aparece como uno de los grandes relatos políticos del nuevo ciclo.
Y ahí encajan muchas de las decisiones que hasta hace pocos años parecían improbables en Canarias.
▌Tenerife ya ha creado 54.000 empleos en tres años y ha reducido el paro juvenil hasta el 13%, el nivel más bajo de su historia reciente.
Las ecotasas como nuevo paradigma
La parte ambiental del discurso dejó uno de los mensajes más disruptivos del debate: “Tenerife ha decidido proteger lo que la hace única”, apuntó la presidenta insular.
Por primera vez, el Cabildo plantea abiertamente un modelo de gestión de espacios naturales basado en capacidad de carga, control inteligente de accesos, prioridad para residentes, transporte público obligatorio y ecotasas para visitantes no residentes.
La idea no se presentó como una medida aislada, sino como un cambio estructural de modelo.
El Teide se convierte así en el gran símbolo de esa nueva etapa: más vigilancia ambiental, reserva previa para accesos, preferencia para residentes en Tenerife y reducción de la presión turística sobre el parque.
Lo mismo ocurre en Masca o Punta de Teno, donde el transporte en guagua, las limitaciones de acceso y las tasas ambientales dejan de ser excepciones para convertirse en política pública estable.
La clave política está en el enfoque, ya que no se plantea un enfrentamiento entre turismo y conservación, sino como una nueva manera de relacionar ambos conceptos.
Una isla que quiere seguir siendo líder turística, pero estableciendo límites y mecanismos de protección que hasta hace poco parecían políticamente imposibles.


▌El Cabildo multiplicará hasta 74 los agentes de medio ambiente y prevé reducir a la mitad la presión turística no residente en El Teide.
La movilidad ya no es una suma de obras
Otro de los grandes ejes del debate fue la movilidad. Pero el enfoque estuvo lejos de la lógica clásica de “más carreteras”.
La idea que se proyectó es la de una transformación simultánea del sistema de movilidad insular.
La propia presidenta defendió que Tenerife está empezando a planificar su movilidad “como lo hacen las grandes regiones metropolitanas europeas”.
El discurso insistió varias veces en una idea: no existe una “obra milagrosa” que resuelva por sí sola los desplazamientos de una isla de casi un millón de habitantes. La estrategia pasa por muchas medidas coordinadas que, juntas, empiezan a modificar hábitos y resultados.
Se aportaron algunos de los datos más simbólicos de la intervención: más de 120.000 nuevos usuarios de transporte público, reducción de tiempos de viaje en distintos corredores o el despliegue de cientos de nuevas guaguas y frecuencias.
El mensaje político es importante porque evita asumir el marco del “problema irresoluble” y lo sustituye el de Tenerife ya está cambiando su forma de moverse y quiere hacerlo a escala de la próxima década.

▌Los tiempos de viaje ya han empezado a bajar hasta un 25% en algunos corredores mientras 120.000 personas más usan transporte público.
Del turismo a los satélites
Quizá el cambio más llamativo del discurso fue el salto de Tenerife hacia sectores tecnológicos y científicos que históricamente parecían reservados a grandes polos continentales.
La isla ya no quiere limitarse a competir únicamente desde sus ventajas naturales. Quiere hacerlo también desde el conocimiento.
Ahí aparece la apuesta por la estrategia aeroespacial Tenerife Space Horizon, la futura constelación canaria de satélites, el centro de control espacial, la ampliación de los supercomputadores Teide y Anaga o el crecimiento acelerado del Parque Científico y Tecnológico.
La ambición es convertir Tenerife en un polo atlántico de innovación capaz de atraer empresas, empleo cualificado, talento joven y, por ende, diversificación económica.
Y eso conecta directamente con otra de las grandes obsesiones del discurso que no es otro sino evitar que las nuevas generaciones tengan que marcharse para desarrollar proyectos de vida ambiciosos.


▌La primera constelación canaria de satélites comenzará a desplegarse desde Tenerife a partir de 2028.
Una década pensada también para las personas
El debate no se limitó a infraestructuras o tecnología de manera aislada. Buena parte de la intervención estuvo dedicada a proyectar una isla más habitable para quienes viven en ella.
La vivienda apareció definida como un problema de cohesión social y estabilidad generacional. El Cabildo plantea movilizar miles de viviendas públicas y protegidas durante la próxima década para facilitar el arraigo juvenil.
La estrategia de becas, conciliación y apoyo al talento fue presentada como otra de las grandes herramientas de transformación social.
El mensaje expuesto ha sido muy concreto: Tenerife quiere competir globalmente, pero necesita que su gente pueda construir aquí su vida.
También hubo una fuerte carga en políticas socio sanitarias, dependencia, salud mental y envejecimiento activo, con inversiones proyectadas a diez años vista y un discurso muy centrado en acompañar a las personas en cada una de las etapas de la vida.
Incluso el abordaje de la inmigración se situó dentro de una lógica atlántica e identitaria, pues una tierra que conoce históricamente la emigración, puede exigir participar en las decisiones que afectan a Canarias.
▌Tenerife prevé movilizar 5.000 viviendas y destinar 3.600 millones de euros a políticas sociales durante la próxima década.
Más proyectos que debate de gestión
Uno de los elementos políticos más llamativos de la sesión fue el contraste entre enfoques.
Mientras gran parte de la oposición centró su intervención en la crítica de gestión inmediata, Rosa Dávila intentó situar el debate en otro plano: el de la construcción de un proyecto territorial de largo alcance.
La propia estructura del discurso lo reflejaba constantemente en sus frases como “la próxima década”, “las próximas generaciones”, “la Tenerife de 2035” o “el siglo de los territorios”.
Más que un relato de final de mandato, la intervención, en muchos momentos, reflejó la fase inicial de una transformación más larga.
▌La isla incorporará 63.000 metros cúbicos adicionales de agua al día tras ejecutar 250 millones en infraestructuras hidráulicas en solo dos años.
Decidir más sobre sí misma
La frase final resume probablemente mejor que ninguna otra la idea de isla que se proyecta. “Tenerife está empezando a situarse entre esos lugares que ya no esperan el futuro: lo está diseñando”, dijo Dávila.
Una isla que quiere producir más energía propia, garantizar agua, diversificar su economía, proteger sus espacios naturales, atraer talento, ganar autonomía tecnológica y reforzar su identidad atlántica.
No para aislarse del mundo; sino para competir mejor dentro de él.