Rafael Díaz Naval
La llegada del lujo británico al archipiélago
Hablar de Rolls-Royce es hacerlo de una de las marcas más prestigiosas de la historia del automóvil. Su nombre se ha convertido en sinónimo de excelencia mecánica, lujo artesanal y distinción social. En Canarias, donde el automóvil ha desempeñado un papel importante en el desarrollo económico y turístico de las islas, la presencia de Rolls-Royce constituye un apasionante capítulo de la historia del motor.
La historia de la marca comienza en Manchester (Reino Unido) en 1904, cuando dos hombres de orígenes completamente distintos unieron su talento. Charles Stewart Rolls, aristócrata y propietario de un concesionario de automóviles que comercializaba marcas como Peugeot, Minerva o Panhard, estaba decepcionado por la escasa calidad de los automóviles británicos de la época. Su búsqueda de un fabricante capaz de construir un vehículo excepcional le llevó a conocer a Henry Royce, un brillante ingeniero autodidacta procedente de una familia humilde que había desarrollado un refinado motor bicilíndrico.
Rolls quedó tan impresionado por el trabajo de Royce que ambos decidieron asociarse. En 1906 fundaron oficialmente Rolls-Royce Limited y poco después presentaron el automóvil que cimentaría su leyenda: el Silver Ghost, considerado durante décadas «el mejor coche del mundo». Paralelamente, la compañía alcanzó un enorme prestigio fabricando motores de aviación y marinos, especialmente durante las dos guerras mundiales.
El primer Rolls-Royce que llegó a Canarias
El primer Rolls-Royce documentado en Canarias llegó a Gran Canaria en 1923. Su propietario fue don Fernando Galván Guerra, una destacada personalidad del municipio de Guía, propietario de importantes negocios azucareros en Cuba.
Todo apunta a que se trataba de un Rolls-Royce Silver Ghost de 30 HP y seis cilindros, matriculado con la placa GC-1004 y equipado con el motor número R116. Como era habitual en la marca durante aquellos años, la carrocería era prácticamente una pieza única, ya que Rolls-Royce suministraba el chasis y el motor mientras distintos carroceros confeccionaban el vehículo según los deseos del comprador.
Recientemente, las fotografías realizadas en los años veinte por el fotógrafo alemán Teodoro Maisch han permitido identificar un Rolls-Royce que muy probablemente corresponde a este histórico GC-1004, constituyendo uno de los testimonios gráficos más antiguos de la presencia de la marca en Canarias.


Los primeros representantes oficiales
Durante varias décadas los Rolls-Royce llegaron a las islas mediante importaciones particulares. Sin embargo, la representación oficial comenzó en 1958 de la mano de Estación de Servicios Canarios S.L., empresa que también distribuía Wolseley, Morris, MG, Riley y Leyland.
Tres años después, en 1961, la representación pasó a Hijos de Diego Betancort S.A., empresa que desempeñaría un papel decisivo en la llegada de numerosos modelos de la firma británica al archipiélago durante las décadas siguientes.
Gracias a estos concesionarios, Canarias comenzó a recibir automóviles destinados tanto a empresarios como a profesionales liberales y a miembros de destacadas familias isleñas, convirtiéndose los Rolls-Royce en auténticos símbolos del éxito económico de una época marcada por el crecimiento del turismo internacional.
El Silver Dawn: los primeros supervivientes
Entre los ejemplares más antiguos conservados en Canarias destaca un Rolls-Royce Silver Dawn, modelo fabricado entre 1949 y 1955 y considerado el primer Rolls-Royce diseñado para una producción relativamente más amplia.
Uno de ellos, con matrícula TF-9365-F, perteneció a D. Austin Baillon y fue matriculado en Tenerife en 1976, aunque realmente había sido fabricado en 1951. Equipado con un motor de 4.581 cm³, forma parte de una producción muy limitada de apenas 760 unidades.
Gran Canaria conserva además otro Silver Dawn, fabricado en 1952 y rematriculado en 1975 con la placa GC-5148-F, prueba del interés que desde hace décadas existe en las islas por preservar este patrimonio automovilístico.
Los elegantes Silver Cloud
La década de los cincuenta estuvo marcada por la llegada del refinado Silver Cloud, considerado por muchos especialistas como el último Rolls-Royce de líneas clásicas antes de la modernización de la marca.
Uno de los primeros fue el TF-12277, adquirido inicialmente para el notario lagunero don Justo Blasco Oller e importado por COIPESCA (Consorcio de Industrias Pesqueras Canario-Africanas). Correspondía a un Silver Cloud I fabricado en 1958, equipado con un motor de seis cilindros de 155 caballos, dos carburadores SU y una elegante carrocería diseñada por John Polwhele Blatchley.
Con sus 5,38 metros de longitud, casi dos toneladas y media de refinamiento artesanal y una velocidad máxima cercana a los 170 km/h, representaba uno de los automóviles más exclusivos que podían circular por las carreteras canarias.
Otro Silver Cloud especialmente conocido fue el GC-13737, matriculado en febrero de 1959 y perteneciente inicialmente a don Agustín Manrique de Lara, uno de los empresarios más destacados de Gran Canaria.
El inolvidable Rolls de Mr. Pavillard
Uno de los automóviles con mayor carga histórica es el famoso Silver Wraith GC-13000, conocido popularmente como «el Rolls de Mr. Pavillard».
Su propietario, un médico británico establecido en Gran Canaria, protagonizó una vida digna de una novela de aventuras. Durante la Segunda Guerra Mundial fue capturado por el ejército japonés y permaneció tres años prisionero antes de regresar a ejercer la medicina en Singapur y posteriormente en Gran Canaria.
El vehículo, importado por Hernández Hermanos, fue matriculado en abril de 1969. Se trataba de un Silver Wraith de 1952 con carrocería del prestigioso carrocero James Young, motor de seis cilindros y 4.545 cm³. Afortunadamente continúa conservándose en la isla, formando parte del patrimonio histórico automovilístico canario.



La revolución del Silver Shadow
En 1965 Rolls-Royce presentó el Silver Shadow, un automóvil que supuso una auténtica revolución técnica. Incorporaba carrocería monocasco, suspensión hidráulica autonivelante inspirada en Citroën, frenos de disco y una mecánica V8 de gran cilindrada.
El primer ejemplar conocido en Gran Canaria fue el GC-48563, matriculado a finales de 1966 y perteneciente a don Alejandro del Castillo y del Castillo. Su motor V8 de 6.230 cm³ desarrollaba alrededor de 172 caballos y permitía combinar unas prestaciones notables con el silencio y la suavidad de marcha característicos de la marca.
En Tenerife destacó el TF-73937, matriculado en agosto de 1971 por don Juan José Zúñiga Rodríguez y posteriormente propiedad del conocido aficionado Makowski.
El Silver Shadow marcó el inicio de una nueva etapa para Rolls-Royce y se convirtió en uno de los modelos más numerosos vistos en las carreteras canarias.
El exclusivo Corniche
Entre todos los Rolls-Royce que llegaron al archipiélago, pocos despertaron tanta admiración como el Corniche, especialmente en sus versiones coupé y descapotable.
El primer ejemplar registrado en Canarias fue el TF-5100-A, matriculado el 20 de marzo de 1972 y adquirido originalmente a Hijos de Diego Betancort por don Luis Zamorano Tais.
Actualmente forma parte de la colección del aficionado D. Carlos Badt y constituye una de las piezas más valiosas conservadas en las islas. De este exclusivo modelo únicamente se fabricaron 1.233 unidades, lo que incrementa todavía más su interés histórico.
Los años ochenta: Silver Spirit y Silver Spur
La evolución natural del Silver Shadow llegó en 1980 con el lanzamiento del Silver Spirit, un modelo más moderno pero fiel al refinamiento tradicional de la marca.
El primer ejemplar registrado en Canarias fue el TF-2882-N, matriculado el 11 de septiembre de 1981 por don Alfredo Medina Medina. Equipado con el clásico motor V8 de 6.750 cm³, representaba la continuidad de la filosofía Rolls-Royce adaptada a una nueva generación de clientes.
Poco después llegó el Silver Spur, versión de batalla larga y aún más lujosa. El primer ejemplar conocido en Gran Canaria fue el GC-9200-AW, matriculado en julio de 1985.
Un patrimonio automovilístico que continúa creciendo
En las últimas décadas Canarias ha seguido incorporando importantes ejemplares históricos de la marca. Entre ellos destacan dos magníficos Rolls-Royce Phantom II de 1934, matriculados como GC-7148-BN y GC-1999-CL, auténticas joyas de la ingeniería británica que enriquecen el patrimonio automovilístico insular.
Actualmente, numerosos coleccionistas privados, clubes de vehículos históricos y aficionados continúan trabajando para localizar, restaurar y conservar estos automóviles, muchos de los cuales forman parte de concentraciones, exposiciones y eventos de vehículos clásicos celebrados en Gran Canaria y Tenerife.
La historia de Rolls-Royce en Canarias es mucho más que una simple sucesión de matrículas y propietarios. Refleja la evolución económica y social del archipiélago durante el último siglo, desde la llegada de grandes empresarios vinculados al comercio del azúcar o la pesca hasta el auge turístico que convirtió a las islas en un escaparate internacional del lujo.
Cada uno de estos automóviles representa una pequeña parte de la historia de Canarias: personajes ilustres, médicos, notarios, empresarios y coleccionistas que apostaron por poseer algunos de los vehículos más refinados jamás construidos.
Hoy, un siglo después de la llegada del primer Silver Ghost a Gran Canaria, los Rolls-Royce conservados en las islas siguen despertando la misma admiración que inspiraron en su época. Más allá de su extraordinario valor económico, constituyen un patrimonio histórico e industrial que merece ser preservado para las generaciones futuras, como testimonio de una época en la que la excelencia mecánica británica encontró también su lugar bajo el sol del Atlántico.