María Doménech
Juan Carlos Mateu
El silbo gomero, la singular forma de comunicación de origen prehispánico que ha dado la vuelta al mundo, fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco el 30 de septiembre de 2009 en un encuentro celebrado en Abu Dhabi (Emiratos Árabes). El comité encargado de evaluar las 111 candidaturas presentadas destacó en su declaración “que se trata de un medio de comunicación casi único en el mundo, que ha subsistido gracias a su utilidad en un entorno que obligaba a cubrir largas distancias para cualquier actividad”. El citado organismo valoró que “la pervivencia de este lenguaje silbado se ha hecho efectiva gracias a que se imparte en los planes educativos en la isla de La Gomera”.
La candidatura fue defendida por la directora general de Cooperación y Patrimonio del Gobierno de Canarias, Aránzazu Gutiérrez, que vinculó la sub- sistencia del silbo a la orografía de la isla colombina, con un gran número de barrancos que han condicionado la comunicación entre sus habitantes. “Es una parte viva de la actividad social de la comunidad gomera y su uso nunca ha sido impuesto por una élite dominante, sino que deriva de las tradiciones y necesidades de un pueblo”, señaló la representante del Ejecutivo. La participación del Gobierno canario en su revalorización se ha traducido en una serie de medidas, como la creación de un comité técnico encargado de su cuidado y la elaboración de una ley que regula su enseñanza en los centros educativos, concretamente en los ciclos de Primaria y Secundaria, donde se estudia como asignatura obligatoria. El silbo gomero se pre- sentó como candidatura española, junto al Tribunal de las Aguas de Valencia y el Consejo de Hombres Buenos de Murcia, que también fueron distinguidos con idéntico reconocimiento. La inclusión en la lista de la Unesco implica el compromiso del Estado de poner en marcha planes de salvaguarda específicos. Las características de esta modalidad comunicativa, que consta de seis sonidos y que puede escucharse a una distancia de tres kilómetros si las condiciones climatológicas son favorables, consiste en deletrear las sílabas introduciendo en la boca uno o dos dedos de cada mano en diferentes posiciones e imprimiendo el mismo “deje” que se emplea al hablar. El silbo superó escenarios adversos como la conquista, la colonización y los años de posguerra. La labor de los gomeros y su afán por conservar esta seña de identidad canaria, ha permitido su supervivencia con el paso de los años. Actualmente, se fomenta en exhibiciones y demostraciones. Uno de sus grandes defensores ha sido Isidro Ortiz, cuya labor fue reconocida con la concesión del Premio Canarias de Cultura Popular.