¿Obesidad y pobreza infantil?

Se acercan las fiestas navideñas y como expuse el año pasado, aumentan los riesgos de empachos y de aumento de peso, pero este año quería hacer una reflexión sobre el riesgo de obesidad infantil y la pobreza infantil, lo cual, a primera vista, parece una paradoja pues se tiende a relacionar la obesidad con la opulencia, pero los datos pueden demostrar lo contrario. 

Frecuentemente hay noticias relacionadas con estos temas, pero muchas veces no pensamos en lo que hay detrás de ellas.

Estudios epidemiológicos y en modelos animales han demostrado la importancia de las etapas precoces de la vida y su relación con la salud y la enfermedad en la edad adulta. La posibilidad de intervenir en el riesgo de enfermedades de la edad adulta actuando en etapas tempranas de la vida, es posible debido a la gran plasticidad de este periodo, en donde acciones oportunas pueden tener un gran impacto. Estas estarían orientadas a reducir los factores de riesgo, lo que ayudaría a interrumpir los círculos viciosos intergeneracionales de obesidad materna e infantil, la diabetes y las consecuencias de salud cardiometabólicas, con potencial impacto sobre la siguiente generación (Lurbe E., y cols. An. Pediat 2025).

En el riesgo de desarrollo de la obesidad infantil cobran especial relevancia los periodos que comprenden desde la concepción, el embarazo y hasta el final de los primeros dos años de vida. Aunque esta etapa tiene una especial relevancia no siempre ha recibido la atención merecida y su abordaje no está exento de dificultades. La importancia de cada una de las etapas requiere abordajes específicos. La formación sobre el concepto de la relevancia de los estilos de vida saludables durante este periodo debe transmitirse no solo al personal sanitario sino también a la población en general. 

Potenciales acciones encaminadas a la reducción del riesgo de obesidad serían la alimentación del recién nacido con lactancia materna exclusiva durante seis meses como mínimo. A partir de los seis meses, introducción progresiva de la alimentación complementaria, y, si es posible, continuar con lactancia materna hasta los dos años o más según el deseo de la madre. Actividad del niño al menos 30 minutos al día. Los padres deben fomentar una actividad física variada, incluyendo juegos interactivos, tiempo boca abajo cuando estén despiertos para fortalecer músculos y explorar el entorno durante el primer año. Se debe evitar el sedentarismo prolongado, así como cualquier tiempo de exposición a pantallas. Dormir un mínimo 12 horas al día durante el primer año (Luber E, y cols. 2025).

La obesidad en niños y adolescentes es un problema de salud mundial con una prevalencia creciente. En España, el estudio Aladino llevado a cabo en niños entre seis y nueve años, demostró que el 20% de los niños tenían exceso de peso y el 16% obesidad. Más de un tercio (36,1%) de los escolares analizados padecía exceso de peso. La obesidad continúa siendo más frecuente en niños que en niñas (17,3% vs. 14,3%), mientras que el sobrepeso es similar en ambos sexos. El 46,7% de exceso de peso se da en familias con ingresos inferiores a 18.000 € anuales, mientras que sólo un 29,2% de exceso de peso se da en familias con ingresos superiores a 30.000 € anuales. La brecha de desigualdad se mantiene constante a lo largo de los años, lo que indica que los niños con menor nivel de ingresos son los que más sufren el problema y se benefician menos de las políticas de prevención. (Estudio ALADINO 2023,  hecho público el 19/12/2023 por la  Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN. )

Por otra parte, la pobreza infantil en España es un problema estructural grave, con cifras que se mantienen persistentemente altas en comparación con otros países de la Unión Europea. Es una situación en la que niños, niñas y adolescentes no tienen acceso a las condiciones de vida básicas necesarias para su desarrollo pleno y el ejercicio de sus derechos. Esto, incluye la falta de recursos para: alimentación adecuada, vivienda digna (acceso a calefacción, luz, etc.), educación de calidad, atención médica adecuada y oportunidades de ocio y socialización.

Los informes recientes de organizaciones como UNICEF, Save the Children y EAPN-ES (Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en España) presentan cifras preocupantes (datos del periodo 2021-23). Alrededor de un tercio de los menores de 18 años (casi 2,6 millones) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Más de un millón de niños y adolescentes están en situación de pobreza severa (aproximadamente el 13,5% del total de la población menor de 18 años). España se sitúa a la cola de Europa con una de las tasas de pobreza infantil más elevada en la UE. La pobreza es más extensa en la población infantil (20,4% en comparación con la población total) y se manifiesta con mayor intensidad.

Las organizaciones internacionales de infancia señalan que la pobreza infantil en España tiene causas estructurales, no solo coyunturales:  Muchos hogares con niños tienen bajos ingresos a pesar de que los progenitores estén trabajando, las prestaciones públicas destinadas a reducir la pobreza infantil en España tienen un impacto mucho menor que la media europea, hay falta de empleo o salarios insuficientes de los progenitores, y dificultades en el acceso a servicios esenciales. Además. los costes asociados a la crianza (especialmente a medida que los niños crecen) son elevados y las ayudas no siempre se ajustan a las necesidades.

La pobreza en la infancia afecta el desarrollo y las oportunidades futuras, perpetuando el llamado «círculo vicioso de la pobreza” con un mayor riesgo de malnutrición o enfermedades crónicas; acceso limitado a atención médica; peor rendimiento académico; abandono escolar y brecha digital debido a la falta de recursos como conexión a internet en el hogar;  mayor riesgo de sufrir estrés familiar; aislamiento; estigma social; vergüenza;  ansiedad y depresión. Como consecuencia de todo ello, disminuyen las posibilidades de movilidad social ascendente, heredando la situación de pobreza en la edad adulta.

Y datos recientes de Cáritas hacen prever que la situación tiende a empeorar, pues la clase media española ha disminuido desde 58 % al 43 % de la población y posiblemente aumentará el riesgo de pobreza infantil y exclusión social,

Por todo ello, como sociedad nos debe preocupar reducir la tasa de pobreza infantil y romper el círculo vicioso de la pobreza, así como procurar estilos de vida saludables.