El municipio corona a su reina más irreverente: Miss Mosto celebra una década entre risas, vino y mucho descaro
Tacoronte lo ha vuelto a hacer. Cuando parecía que el carnaval ya había alcanzado su punto máximo de desparpajo, llega la Piñata Chica y, con ella, el certamen que confirma que en este municipio el humor no se mide en decibelios, sino en carcajadas por minuto. Miss Mosto, ese espectáculo inclasificable donde la elegancia convive felizmente con el disparate, celebró este año su décimo aniversario consolidándose como uno de los eventos más esperados —y comentados— del calendario festivo local.
Lejos de los corsés habituales de los concursos de belleza tradicionales, aquí lo que se premia no es tanto el porte como la capacidad de arrancar una sonrisa, sostener una coreografía imposible y, si se tercia, desfilar con una fantasía inspirada en el noble arte de la viticultura sin perder el equilibrio. Porque sí, en Miss Mosto hay lentejuelas, pero también hay barricas, racimos y alguna que otra referencia enológica que haría emocionarse a cualquier bodeguero de la zona.
El recinto volvió a transformarse en una auténtica pista de baile, donde el ingenio se sirvió en copa grande y sin moderación. Bajo la programación festiva liderada por la primera teniente de alcalde, Noemí García, el evento confirmó su madurez con una gala ágil, desenfadada y perfectamente orquestada, donde cada participante parecía dispuesto a superarse —o al menos a intentarlo con dignidad y sentido del humor—.
Y en medio de este vendaval de creatividad, hubo ganador. José Nicolás Pérez García se alzó con el cetro de Miss Mosto 2026, conquistando al jurado con una propuesta que combinó originalidad, ritmo y ese “algo” difícil de definir que separa a los buenos de los memorables. No le faltaron competidores de altura: Alejandro Expósito se hizo con una más que merecida segunda posición, mientras que Ceciliano Goya Medina completó el podio llevándose el bronce en una edición especialmente reñida.
Por si el nivel no hubiese sido ya suficientemente alto, el jurado decidió conceder además un accésit a René Martín, logrando así una instantánea final a cuatro que resume a la perfección el espíritu de la gala: talento compartido, rivalidad sana y muchas ganas de pasarlo bien. Una decisión que fue ampliamente aplaudida por un público entregado, compuesto tanto por vecinos como por visitantes que ya han marcado esta cita en rojo en sus calendarios.
Porque si algo ha demostrado Miss Mosto en estos diez años es que no se trata solo de un concurso, sino de una celebración colectiva donde Tacoronte se mira al espejo… y se ríe de sí misma. Una rara virtud que, en tiempos de solemnidad excesiva, se agradece más que nunca.
Así, entre brindis, aplausos y alguna que otra peluca rebelde, el certamen cierra su primera década con la sensación de haber encontrado su fórmula perfecta: mezclar tradición, crítica y humor en las dosis justas. Y viendo el entusiasmo del público, todo apunta a que a Miss Mosto aún le queda mucho recorrido… y muchas risas por delante.