La indumentaria tradicional de las gentes de costa en Canarias y Tenerife entre los siglos XVIII y XX

La indumentaria tradicional de las gentes de costa en las Islas Canarias, y especialmente en Tenerife, constituye uno de los ejemplos más claros de cómo el vestido popular se adaptó históricamente al entorno, al clima y a las necesidades del trabajo diario. Lejos de responder únicamente a cuestiones estéticas, las prendas utilizadas por pescadores, campesinos y trabajadores del litoral eran el resultado directo de una vida marcada por el esfuerzo físico, la exposición al sol, la maresía y las largas jornadas junto al mar.


Durante los siglos XVIII y XIX, gran parte de quienes trabajaban en la costa no residían necesariamente en ella. Muchos hombres y mujeres descendían desde las medianías hasta el litoral para dedicarse a las faenas marineras, agrícolas o portuarias. Este desplazamiento condicionó profundamente la manera de vestir, pues quienes bajaban al mar debían adaptar sus prendas habituales a un entorno mucho más cálido, húmedo y agresivo para los tejidos.


En el caso de los hombres, era frecuente el uso de ropa blanca de lino, especialmente camisas y calzoncillos. Aunque algunas de estas piezas tenían originalmente carácter de ropa interior, en Canarias se utilizaron ampliamente como prendas exteriores debido a las características del lino producido en las islas. Se trataba de un tejido fuerte, resistente y relativamente tosco, elaborado artesanalmente en telares locales y perfectamente apto para soportar el trabajo diario. La ligereza del lino y su capacidad para transpirar lo convertían en una opción ideal para las duras condiciones de la costa.


Las prendas se adaptaban constantemente a la faena. Era habitual remangarse las mangas de las camisas y subir los calzoncillos hasta medio muslo para evitar mojarlos durante el trabajo junto al agua. Sobre la cintura, muchos hombres utilizaban el tradicional fajin o ceñidor para ajustar la ropa y, sobre todo, para proteger la zona lumbar durante los trabajos de carga y esfuerzo físico.


La protección frente al sol y la humedad marina era fundamental. Por ello, tanto hombres como mujeres recurrían a grandes pamelas y sombreros de palma elaborados artesanalmente en Canarias. Estas piezas, tejidas con palma del país, poseían alas anchas capaces de proteger el rostro, el cuello y parte de los hombros frente a la intensa radiación solar y la constante exposición a la maresía.


La vestimenta femenina también experimentaba adaptaciones específicas para la vida costera. Aunque las mujeres continuaban utilizando varias enaguas, como era habitual en la época, muchas veces dejaban visible una enagua encimera de lino recio y tejido denso, a modo de falda exterior. De este modo protegían las valiosas faldas de lana utilizadas en las medianías, prendas costosas y difíciles de reemplazar, además de poco apropiadas para el calor del litoral.


En la parte superior solían vestir camisas acompañadas de justillos confeccionados en tejidos de lana más fina y ligera o en lino. Estas prendas permitían conservar la estructura tradicional del atuendo femenino sin renunciar a una mayor comodidad térmica. El uso de pañuelos sobre la cabeza era constante, y muchas mujeres complementaban esta protección con sombreros de palma de ala ancha. También era frecuente el empleo de mantillas, útiles tanto para protegerse del viento marino como para abrigarse al caer la tarde o durante el descenso desde las zonas altas de la isla.


El contacto permanente con el agua hacía que muchas personas trabajaran descalzas, especialmente los hombres cuando faenaban muy cerca del mar. En numerosas ocasiones se despojaban de sus zapatos y los dejaban resguardados hasta emprender el regreso a pie hacia sus lugares de residencia. Cuando existía calzado, este consistía generalmente en zapatos de cuero de piel virada o en alpargatas primitivas elaboradas con esparto, ligeras y adecuadas para los caminos de tierra y los ambientes cálidos.


A finales del siglo XIX y, sobre todo, durante el siglo XX, la indumentaria de las gentes de costa comenzó a transformarse profundamente debido a la industrialización y a la llegada de tejidos manufacturados. Los algodones industriales, mucho más suaves y frescos que los antiguos linos artesanales, se incorporaron rápidamente a la vestimenta cotidiana.
Esta transformación provocó además una cierta homogeneización del vestir marinero y costero en muchas regiones de España y Europa. Las diferencias locales comenzaron a difuminarse y la imagen de un pescador o una mujer de la mar en Tenerife podía resultar muy similar a la de otras ciudades portuarias como Lisboa, Cádiz o Valencia.


Las mujeres redujeron notablemente el número de enaguas, limitándose muchas veces a una sola, mientras las faldas se remangaban para facilitar el movimiento y el trabajo. Los hombres comenzaron a utilizar pantalones remangados, generalmente prendas usadas o gastadas reservadas para las faenas más duras, evitando así deteriorar la ropa de mejor calidad. Las camisas pasaron a confeccionarse con tejidos de algodón y sarga industrial, aunque todavía persistieron algunas piezas de lino en ambientes rurales y tradicionales.
Los complementos también evolucionaron. Las antiguas pamelas artesanales convivieron con sombreros de manufactura industrial, boinas y sombreros de paño similares a los que todavía hoy forman parte del imaginario popular asociado al mundo marinero.


La indumentaria tradicional de las gentes de costa en las islas Canarias y por ende de Tenerife representa, en definitiva, mucho más que una simple forma de vestir. Constituye un testimonio material de la adaptación al medio, de la economía popular y de las formas de vida de generaciones enteras que encontraron en el mar y en el litoral una fuente de sustento. La indumentaria refleja una realidad socioeconómica en un lugar determinado y en una época determinada, convirtiéndose en una parte esencial del patrimonio cultural e histórico del archipiélago canario.


El Consejo Sectorial de la Indumentaria Tradicional de Tenerife (CSITT), órgano complementario del Cabildo Insular de Tenerife de carácter técnico y de asesoramiento, trabaja con la misión de informar, proponer, recomendar y orientar en la elaboración, seguimiento y evaluación de políticas insulares destinadas al fomento, protección y difusión de la indumentaria tradicional de la isla.


Desde el Área de Empleo, Juventud y educación que lidera el Consejero D. Efraín Medina, se ha desarrollado esta campaña educativa de divulgación con la idea de compatibilizar el mantenimiento de la identidad y la defensa de nuestra indumentaria tradicional con las nuevas tendencias en la moda canaria, sin confundirlas ni mezclarlas pero siendo conscientes de que las dos forman parte de una misma evolución. Es lo que estimuló que la campaña “Nuestra identidad está de Moda”, en esta tercera edición, promoviera la defensa de la indumentaria tradicional y las artesanías que la conforman como elementos identitarios de nuestro pueblo, cuyo principal objetivo es la concienciación sobre la importancia social y cultural que tiene el hecho de vestir correctamente la indumentaria regional; y asimismo poner en valor la misma como patrimonio cultural de nuestra isla.