Kafakumba: 50 años latiendo al ritmo de la solidaridad

Kafakumba educa en valores y es un legado construido gracias a la dedicación de las hermanas de la Pureza de María y toda la comunidad educativa

MARÍA DOMÉNECH

Hay celebraciones que tienen su día destacado en el calendario. Hay encuentros que no solo congregan a personas, sino que también conectan historias, recuerdos y a generaciones enteras unidas por una misma causa. Esa es la esencia de Kafakumba: una fiesta solidaria que, desde hace medio siglo, forma parte del alma y la identidad del colegio Pureza de María.

El pasado 18 de abril, las calles de la capital tinerfeña amanecieron llenas de camisetas de colores cuya brújula marcaba un rumbo claro: Kafakumba. Ese día, la comunidad educativa volvió a celebrar una jornada marcada por la alegría compartida, el compromiso y el espíritu de familia que caracteriza a las Religiosas de la Pureza de María. Alumnos, familias, profesores, antiguos alumnos, trabajadores y colaboradores volvieron a encontrarse para dar lo mejor de sí y celebrar algo mucho más grande que una fiesta: un proyecto de vida y entrega nacido en el corazón de África.

Conviene que echemos la vista atrás para conocer un poco más sobre la historia de esta misión que comenzó ya hace 50 años, cuando las Religiosas de la Pureza de María decidieron continuar la labor evangelizadora y educativa iniciada por las Siervas de San José en la provincia de Katanga, en la actual República Democrática del Congo. Aquel 23 de abril de 1975 marcó el inicio de una aventura profundamente humana y transformadora.

En un entorno marcado por el aislamiento geográfico y las dificultades, las hermanas eligieron adentrarse para acompañar, enseñar, cuidar y construir comunidad. Desde entonces, Kafakumba ha crecido como una misión viva donde el colegio, el hospital, el internado y la parroquia forman parte esencial en la vida de este lugar.

Y es que, tal y como señala la Hermana Begoña Portilla, “Kafakumba es especial”, es una misión movida por el espíritu de entrega, de servicio, de vocación y de esperanza.
Afortunadamente, ese espíritu sigue hoy muy presente hoy en las aulas del colegio. Se refleja en el trabajo silencioso y constante de las hermanas, en la implicación de los trabajadores del centro, en la generosidad de las familias y en la ilusión con la que el alumnado vive y prepara esta jornada cada año. 


Durante la conmemoración, el colegio arrima sus pupitres para transformarse en un espacio de celebración. La alegría inunda una jornada que te recibe con la inmensa sonrisa de todos sus participantes que tratan de mostrar lo mejor de sí en las actuaciones y exhibiciones preparadas con enorme cariño; sin olvidar los talleres, torneos, el bingo musical  y los espacios solidarios como la tómbola o la venta de camisetas, así como los exquisitos kioscos gastronómicos.


A todo ello se suma, además, la colaboración de numerosas empresas y comercios locales de Santa Cruz y La Laguna, que cada año se implican generosamente en esta causa.

Pero el verdadero valor de Kafakumba va mucho más allá de las actividades o de la recaudación solidaria. Kafakumba educa. Educa en empatía, en compromiso, en gratitud y en servicio a los demás. Enseña que la solidaridad no es un gesto puntual, sino una forma de mirar el mundo y de construir comunidad.

La celebración de cada edición vuelve a demostrar que Kafakumba sigue más viva que nunca, entrelazando continentes, generaciones y corazones. Un legado construido gracias a la dedicación de las hermanas de la Pureza de María, de los profesionales del centro, de las familias, de personas anónimas y, por supuesto, de un alumnado que aprende, desde la infancia, el valor de tender la mano a los demás.

Son 50 años de vida que ojalá se multipliquen para garantizar a las generaciones venideras el valor de crecer en una comunidad que se construye sobre los pilares firmes que nos proporciona la educación en valores. Ese es, sin duda, el espíritu de Kafakumba.