¿Debemos controlar el uso de los teléfonos en los niños?

Eduardo Doménech Martínez

Con mucha frecuencia leemos en la prensa o vemos en la televisión opiniones sobre el uso de los teléfonos en la infancia y algunas veces discrepancias al respecto. No podemos obviar que estamos en la “era digital” y parece un contrasentido privar a nuestros hijos de los teléfonos inteligentes.

Por eso abordaremos hoy dos cuestiones, una sobre la posible limitación del tiempo de uso según la edad y otra que incide más en supervisar lo que ven en las pantallas y redes sociales.

El uso generalizado de los medios digitales, especialmente en la infancia y adolescencia, genera gran preocupación sobre su impacto en la salud al poder afectar a la salud física, mental y psicosocial, así como al desarrollo. El desarrollo cerebral varía enormemente en pocos años, de forma que lo que es inofensivo para un adolescente puede ser perjudicial para un bebé, por lo que en tabla I se muestra el tiempo máximo que se recomienda para el uso de teléfonos o tabletas según la edad.

Tabla I: Recomendaciones del tiempo máximo de uso de teléfonos y tabletas según la edad

(0 a 2 años) Cero pantallas. A esta edad necesitan estimulación sensorial y física. El «uso pasivo» puede retrasar el lenguaje.
(3 a 5 años) Máximo 1 hora al día. Siempre con contenido de alta calidad y acompañados por un adulto para interactuar.
(6 a 12 años) Tiempo regulado. Equilibrio estricto entre deberes, juego físico y digital. Introducción gradual a la seguridad en internet.
(+13 años) Acompañamiento. Más que prohibir, hay que educar en pensamiento crítico, privacidad y salud mental.

Claves para una higiene digital saludable

  1. El ejemplo es la mejor aplicación. Los niños imitan lo que ven. Si nosotros no soltamos el teléfono en la cena, ellos entenderán que ese es el comportamiento normal. Establece zonas libres de tecnología (como la mesa o el coche).
  2. Prioriza el sueño. La luz azul interfiere con la melatonina. La regla de oro es: nada de pantallas 60 minutos antes de dormir. Además, los dispositivos deben cargarse fuera de las habitaciones por la noche.
  3. El contenido importa más que el tiempo. No es lo mismo 30 minutos viendo videos aleatorios con sonidos estridentes que 30 minutos aprendiendo un idioma o resolviendo acertijos lógicos. Busca aplicaciones que fomenten la creatividad en lugar del consumo pasivo.
  4. Configura el control parental. No es desconfianza, es protección. Utiliza herramientas para filtrar contenido inapropiado y establecer límites de tiempo automáticos. Evitar compras dentro de las aplicaciones.
  5. El teléfono nunca debe ser el chupete emocional. Si un niño se aburre o tiene una rabieta, usar el móvil para calmarlo impide que aprenda a gestionar sus propias frustraciones.

Diversos estudios vinculan el uso de dispositivos electrónicos con un incremento en síntomas de ansiedad, depresión y conductas autolesivas, particularmente en personas con factores de vulnerabilidad preexistentes. Además, el uso problemático de Internet (UPI), incluyendo la interacción con redes sociales y la exposición al ciberacoso, puede agravar trastornos psiquiátricos ya presentes (Eddy Ives L.S. et al. An Pediatr (Engl Ed). 2025 Aug 9;103(2):503909. doi: 10.1016).

Por lo tanto, resulta fundamental que los profesionales de la salud adopten una postura preventiva, promoviendo la supervisión activa y estableciendo límites en el tiempo frente a las pantallas. La regulación del uso de dispositivos digitales debe ser una prioridad en el cuidado infantil, para proteger el bienestar físico, emocional y mental de los niños y adolescentes a corto, medio y largo plazo.

Una revisión sistemática y metaanálisis que incluyó 113 estudios epidemiológicos, con aproximadamente 700.000 participantes de 31 países, estimó una prevalencia para el UPI del 7,02 % (Pan YC y cols. Neurosci Biobehav Rev. 2020;118:612-622). Es probable que uno de los aspectos asociados con el aumento del UPI esté relacionado con el diseño de los servicios de internet. Dichos servicios usan patrones adictivos como la personalización del contenido, el “scrolling infinito” (es la función que usan aplicaciones como TikTok, Instagram o Twitter para que al llegar al final de lo que estás viendo, el contenido se carga automáticamente, creando una sensación de que nunca termina), etc. para asegurar el máximo de número de usuarios por unidad de tiempo.

La literatura reciente (Eddy Ives L.S. et al. 2025), sugiere una asociación entre el uso excesivo de las tecnologías digitales, especialmente redes sociales, y la presencia de síntomas ansioso-depresivos y conductas autolesivas en la población infantojuvenil (tabla II). Además, el uso problemático de internet (UPI) se ha relacionado con el trastorno de conducta alimentaria (TCA) y también con la afectación de la atención. En los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y trastornos del espectro autista (TEA) se constata el empeoramiento de su sintomatología cuando hay asociado un UPI.

Tabla II, Consecuencias del uso problemático de internet (UPI) sobre la salud

  • Salud física: trastornos del sueño, mayor frecuencia cardiaca en reposo, disminución de actividad física, alimentación poco saludable, migrañas, dolor musculoesquelético.
  • Salud psicosocial: dificulta relaciones familiares y entre iguales, mayor sensación de soledad percibida.
  • Salud mental: síntomas depresivos, ansiosos, obsesivos. Aumento de la impulsividad, conductas agresivas y somatizaciones.
  • Otros: baja autoestima, dificultades en habilidades para la vida, menor calidad de vida percibida, mayor riesgo de desregulación emocional.

Ante este panorama, la solución pasa por educarnos en un uso más responsable de las pantallas. No se trata solo de proteger a los más jóvenes, sino de concienciar a toda la sociedad sobre la importancia de impulsar actividades físicas y sociales fuera del entorno digital. Además de establecer límites de tiempo en casa y el colegio, podemos apoyarnos en la tecnología a nuestro favor: las aplicaciones de bienestar y la terapia online son excelentes aliados, siempre que se utilicen de forma guiada y profesional.