De peregrinación a romería: diez años caminando hacia la Virgen de la Concepción

Lo que comenzó en 2015 como una sencilla peregrinación desde la Plaza Bujaz hasta la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción se ha convertido, una década después, en una de las celebraciones que mejor representan el espíritu vecinal, la tradición y la devoción de Breña Alta. Un camino que ha sabido crecer sin perder su esencia y que hoy, convertido en Peregrinación Romera, reúne fe, folclore, convivencia y cultura popular en torno a la Virgen

Hay tradiciones que nacen de una gran celebración y otras que, precisamente por su sencillez, terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un pueblo. La historia de la Peregrinación Romera de Nuestra Señora de la Concepción pertenece a estas últimas. Hace ahora diez años, en 2015, un grupo de vecinos puso en marcha una iniciativa que tenía como protagonista un camino, una ermita y una devoción compartida.

Aquella primera experiencia nació como Peregrinación. El punto de partida se situaba en la Plaza Bujaz y el destino era la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción, siguiendo el antiguo camino. No hacía falta mucho más: caminar juntos, compartir el trayecto y llegar hasta la Virgen.

Con el paso de los años, aquella propuesta fue adquiriendo pequeños rituales que terminaron formando parte de su personalidad. Al llegar a la ermita, el párroco hacía entrega a los peregrinos de un reconocimiento de participación, un pequeño diploma que guardaba un recuerdo muy especial: una poesía dedicada a la Virgen.

Era mucho más que un papel. Para quienes participaban, aquel diploma se convertía en memoria de una jornada compartida, en testimonio de haber recorrido el camino y de haber acompañado a la Virgen desde el corazón de Breña Alta hasta su ermita.

Y había también una dimensión gastronómica y festiva que contribuía a prolongar la experiencia más allá del camino. Los establecimientos de restauración de la zona se sumaban a la iniciativa preparando las conocidas “tapas peregrinas”. Los peregrinos podían disfrutar de ellas y, al hacerlo, recibir el correspondiente sello en su diploma.

Así, poco a poco, la peregrinación fue construyendo una identidad propia. El camino unía a los participantes; la llegada a la ermita ofrecía el momento de encuentro y recogimiento; la fotografía de grupo dejaba constancia de quienes habían compartido la jornada; y las tapas peregrinas invitaban a continuar la convivencia

Durante años, los vecinos habían expresado un deseo: contar con una verdadera romería en honor a Nuestra Señora de la Concepción. Y ese deseo terminó encontrando su momento.

En 2022, la celebración dio un paso decisivo y pasó a denominarse Peregrinación Romera. El cambio de nombre reflejaba también una evolución que ya se venía gestando: aquella actividad que había comenzado como una caminata de carácter fundamentalmente peregrino incorporaba ahora con mayor fuerza la música, el folclore, la vestimenta tradicional y el carácter festivo propio de una romería.

Pero convertirse en romería no significó olvidar el origen. Al contrario. La esencia continuó siendo la misma: caminar juntos hacia la Virgen de la Concepción.

Ese equilibrio entre tradición y evolución es, probablemente, una de las claves de su éxito. La Peregrinación Romera ha sabido incorporar nuevos elementos sin renunciar a aquello que le dio sentido desde el principio. La devoción permanece como hilo conductor, mientras la participación de los colectivos culturales y folclóricos amplía y enriquece la celebración.

Una década puede parecer poco tiempo cuando se compara con las tradiciones centenarias de Canarias. Sin embargo, diez años son suficientes para que una celebración empiece a formar parte de la memoria colectiva de un municipio.

En este caso, cada edición ha ido dejando sus propias imágenes: los peregrinos recorriendo el camino, las familias compartiendo la jornada, los vecinos vestidos con ropa tradicional, la llegada a la ermita, los cantos, los bailes y la fotografía que inmortaliza a quienes han querido formar parte de la experiencia.

Porque una fiesta popular no se mide únicamente por el número de participantes o por la dimensión de su programa. Se mide también por su capacidad para hacer comunidad.

Y esa es una de las grandes aportaciones de esta Peregrinación Romera. Personas de distintas edades y procedencias se encuentran alrededor de una tradición que pertenece a todos. Los mayores aportan memoria; los más jóvenes, continuidad; los colectivos culturales, conocimiento y expresión artística; y los vecinos, ese ingrediente imprescindible que hace que una celebración sea verdaderamente popular.

La incorporación de agrupaciones folclóricas y grupos de baile ha permitido, además, que la jornada se convierta en una pequeña muestra de la riqueza de las tradiciones de Canarias. La música y los bailes no son aquí un simple acompañamiento: forman parte de una manera de entender la fiesta y de transmitir la cultura de generación en generación.

En el centro de todo permanece Nuestra Señora de la Concepción. 

La Virgen es el destino físico del camino, pero también su razón de ser. A ella se dedica la peregrinación y en torno a ella se reúnen vecinos y visitantes. El recorrido adquiere así un significado que va más allá de lo festivo: es una manera de acercarse a un lugar de devoción y de compartir una tradición que ha ido creciendo con el paso del tiempo.

Hay algo especialmente simbólico en ese recorrido. Se parte desde el núcleo cotidiano del municipio y se avanza hacia la ermita. El camino permite conversar, recordar, cantar, conocer a otros peregrinos y, sencillamente, caminar juntos. En una época marcada tantas veces por las prisas, recuperar el valor de caminar y encontrarse constituye también una forma de celebrar.

La llegada a la ermita representa el momento culminante de ese trayecto. Allí convergen las emociones acumuladas durante el recorrido y la alegría de haber alcanzado juntos el destino.

La décima edición, la de 2026, confirma que aquella iniciativa nacida en 2015 ha echado raíces. 

El programa de este año vuelve a reunir los ingredientes que han convertido la celebración en una cita especial. La jornada comienza con la bendición de los romeros en la Parroquia de San Pedro Apóstol, continúa con la peregrinación y la ofrenda a la Virgen, y culmina con una noche de ambiente festivo y música.

La participación de distintas agrupaciones y colectivos folclóricos refuerza, además, el carácter canario de una celebración que invita a ponerse la ropa tradicional y a acompañar el camino.

El mensaje es sencillo y, al mismo tiempo, poderoso: la fiesta se hace entre todos.

Diez años después de aquella primera peregrinación, ya no se trata solamente de recordar cómo empezó. Se trata de reconocer que cada persona que ha participado ha contribuido, de una manera u otra, a construir su historia.

Quizá por eso resulta tan apropiado hablar de un camino. Porque las tradiciones, como los caminos, se hacen paso a paso. Primero fueron unos pocos peregrinos saliendo desde la Plaza Bujaz. Después llegaron los diplomas, las poesías, las fotografías y las tapas peregrinas. Más tarde nació la Peregrinación Romera. Y hoy son la música, el folclore, la vestimenta tradicional y, sobre todo, la participación vecinal los que mantienen vivo aquel espíritu.

El camino continúa.

Y mientras haya vecinos dispuestos a recorrerlo, habrá una historia que contar. Una historia que une devoción, tradición, cultura y convivencia y que tiene como destino una ermita, pero cuyo verdadero sentido se encuentra en las personas que deciden caminar juntas.

Diez años después, la Peregrinación Romera de Nuestra Señora de la Concepción demuestra que las grandes tradiciones no siempre necesitan siglos para nacer. A veces basta con que un pueblo tenga una ilusión, la comparta y decida ponerla en camino.

Y en Breña Alta, ese camino sigue llevando a la Virgen.