Basilio Valladares

“La creación del Instituto de Enfermedades Tropicales ha supuesto un instrumento de protección para nuestra ciudadanía y de desarrollo para el continente africano”.

Basilio Valladares Hernández es profesor emérito de la Universidad de La Laguna (ULL). Nacido en Tenerife, Valladares obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado en Farmacia en 1981 y, en 2008, se convirtió en catedrático de Parasitología en la ULL. Fue fundador y director del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, con el propósito de investigar las enfermedades tropicales y otras patologías que afectan a las poblaciones más vulnerables, cargo que ocupó hasta su jubilación.

A lo largo de su trayectoria profesional, Valladares ha centrado su labor en la investigación parasitológica. Ha dirigido más de 30 tesis doctorales y ha publicado numerosos artículos científicos en revistas de prestigio mundial. En 2013, promovió la creación de la Fundación Canaria para el Control de las Enfermedades Tropicales, con el objetivo de recaudar fondos para fortalecer los proyectos internacionales del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, especialmente en África.

Es investigador por convicción e invita a las nuevas generaciones a sumarse a esta tarea con el compromiso de servir a la sociedad a la que pertenecen. Consciente de que esta labor conlleva sacrificio, Basilio Valladares asegura que no hay mayor satisfacción que los resultados obtenidos tras horas de trabajo.

En 2013 recibió la Medalla de Oro de Canarias y en 2024, le concedieron el Premio Canarias de Investigación e Innovación. Hoy, es el presidente de la Fundación Canaria para el Control de las Enfermedades Tropicales.

Recibió el Premio Canarias 2024 a la Investigación y también fue Medalla de Oro de Canarias en 2013. ¿Qué ha significado para su carrera recibir los máximos reconocimientos que otorga esta Comunidad Autónoma?

Supuso algo especial porque uno no trabaja para recibir premios sino para hacer las cosas lo mejor posible, si encima te reconocen que lo has hecho bien, es una satisfacción inmensa. Ahora que estoy de retirada, a punto de cumplir 79 años, siento la tranquilidad de conciencia de que lo que he hecho porque ha servido para algo. Siempre he tenido claro que las cosas deben servir para mejorar la vida en general y, del entorno, en particular. Por eso, estos premios son la confirmación de que mi trabajo ha trascendido, ha servido y lo han valorado.

El Instituto de Enfermedades Tropicales nos acerca un poco más al continente africano. ¿Qué le llevó a su impulso y por qué es estratégico para África?

El Instituto se creó cuando comenzaron a incrementarse los flujos migratorios, recuerdo especialmente la oleada masiva procedente de África del año 2006. Todo ello favoreció la creación del Instituto con un carácter eminentemente investigador, pero enfocado al beneficio de la población, de ahí que tengamos todo el control de calidad de aguas en un laboratorio de medioambiente o el laboratorio de entomología para el control de entrada de vectores —especialmente mosquitos— que está dando un resultado tremendo. Una serie de aspectos que nos han permitido visibilizar el instituto y el trabajo que realiza. Y luego está el equipo humano, por supuesto, a día de hoy contamos con investigadores e investigadoras de primer nivel. Además, el nivel de publicaciones es muy bueno. Asimismo, nuestra proximidad al continente africano nos ha permitido que, por ejemplo, en la actualidad contamos con unas quince personas de origen africano realizando su tesis doctoral aquí. De ahí el impulso de iniciativas como Campus África, que, tras la celebración de siete ediciones, ha permitido que de los más de 500 becarios africanos que han venido, ninguno se ha quedado en Europa, todos han retornado a sus países. Muchos ocupando puestos de responsabilidad, otros realizando su tesis doctoral con nosotros para retornar a sus universidades centradas en problemas de Senegal, Cabo Verde, Mauritania, etc. Estoy convencido de que si, además del Campus África que se celebra en Canarias, se promovieran otros en el resto de Europa, eso se traduciría en el retorno a África de miles de personas formadas y enganchadas con la educación y la psicología europea, personas preparadas para tirar de sus países. Los países se mueven con la formación y con la educación, eso es lo que permite el progreso. ¿Cuáles son los países más avanzados del mundo? Los que mayor nivel de investigación tienen. Y esa es la razón de ser del Instituto de Enfermedades Tropicales, poner un grano de arena con resultados palpables y contribuir al desarrollo en origen del continente africano.

Se mantiene unido a la Fundación Canaria para Control de Enfermedades Tropicales, núcleo de muchas de sus investigaciones y entidad que, como decíamos, promovió vinculada a la ULL. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de enfermedades tropicales?

Eso ya ha cambiado, el concepto en los años 80 cuando empezamos con la cuestión de las enfermedades tropicales era porque estaban en el trópico, pero eso ha cambiado. Hay enfermedades tropicales que estaban ubicadas y con todos estos movimientos sociales se están trasladando y las tenemos aquí. La idea principal es combatirlas en origen, pero ya que está aquí, es importante contar con los recursos para poder diagnosticarla. En Canarias, por ejemplo, tenemos Chagas, no tenemos la chinche que la transmite, pero tenemos Chagas en las mujeres procedentes de Bolivia, de Colombia, porque es un parásito que se mantiene silente de por vida pero que se puede trasladar al bebé en caso de embarazo. Y es importante detectarlo para poder abordarlo y hacer seguimiento.

La inmigración es uno de los principales asuntos de la agenda política en las islas, España y Europa. ¿Cómo debemos mirar a África? ¿De qué manera Canarias puede contribuir a evitar la inmigración masiva?

Yo veo dos cosas, si esa gente viene jugándose la vida, no viene para estar hacinada en un centro o residencia; si los aceptamos, debemos promover que se integren en nuestra sociedad, hablando nuestro idioma, participando de nuestra cultura y adaptándose a nuestras costumbres. No estoy a favor de los guetos. Canarias es tierra de migrantes, mi familia emigró y se adaptó a las costumbres del país que la acogió y, quienes vengan aquí, deben hacerlo con esa filosofía. El continente africano necesita crear una clase media y para lograrlo necesita educación y formación, y eso es lo que estamos haciendo: trabajando en Senegal, en Cabo Verde, etc. La realidad es que estamos viendo resultados, de ahí que el Instituto tenga una proyección internacional importante.

Hablando de escudos, Canarias está siendo capaz de combatir la propagación del mosquito Aedes Aegypti. ¿Qué supone frenarlo? ¿Cómo hemos conseguido evitarlo?

En el año 2009-2010, Domingo Núñez, que era jefe del Servicio de Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública, me comentó que se había producido un problema de chikungunya en Italia, en un sitio donde nunca se había dado. En aquel momento convenimos en la idea de poner un sistema de vigilancia y, aunque no soy entomólogo, si supimos quién podía ayudarnos a montarlo. Ese es el origen del laboratorio de entomología del Instituto de Enfermedades Tropicales. Hoy en día, el hecho de haber impedido al mosquito el intento de entrar en 14 ocasiones a las islas de Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria y haber logrado que no esté aquí, justifica, sin duda, la creación de este Instituto y del laboratorio. Recuerdo que cuando entró por primera vez en Fuerteventura, lo primero que hicieron los turoperadores fue intentar abaratar la estancia por riesgo del dengue y del zika. Por suerte, logramos frenar esa situación y resolver el problema en quince días. Un hecho importantísimo para la población, pero también por el impacto económico que hubiera generado a nivel turístico.

Seis años después, ¿cómo recuerda la pandemia de la Covid-19? ¿qué hemos aprendido de ella?

Con perspectiva pienso que se produjeron muchos errores y gordos, también reconozco que eso es fácil decirlo ahora. Pero no debimos fiarnos de algunos datos que se nos trasladaron desde China porque las cifras no se correspondieron con la realidad que nos tocó afrontar. También pienso que el aislamiento nos ayudó a contener los casos, pero no se puede tener a la población indefinidamente metida en su casa porque luego se generaron otros problemas y cifras en gripe como consecuencia de la reclusión. Por el contrario, pienso que se actuó muy rápido con las vacunas ARN, un sistema que ayudó a combatir la gravedad y a disminuir el colapso de las urgencias en los hospitales. Considero que todo el mundo se debería de haber vacunado. No olvidemos que el gran hallazgo de la salud pública ha sido la potabilización del agua y las vacunas. Las vacunas han logrado erradicar enfermedades como la polio, sin embargo, la no vacunación ha traído consigo el regreso de enfermedades como el sarampión.

En este mundo global y cada vez más interconectado, ¿qué precauciones debemos adoptar como viajeros?

Lo primero que hay que hacer es ir al médico de cabecera; en segundo lugar, hay que ir a Sanidad exterior y saber bien la ruta que vas a tomar porque la geografía de las enfermedades es distinta y ahí es importante contar con el asesoramiento de las profesionales de Sanidad exterior. Es importante elegir el calzado, la alimentación, las vacunas o profilaxis que necesitamos para viajar, también ser conscientes de nuestras propias enfermedades para saber con los recursos o dificultades que nos podemos encontrar en el destino elegido. Hay muchas enfermedades, sobre todo las parasitarias, que no se manifiestan al día siguiente, pero puede que dentro de un mes tengas fiebre, y ahí es importante comentarle al médico los lugares a los que has viajado, porque si no lo dices, eso puede generar una travesía de pruebas innecesarias que, sin embargo, podrían evitarse conociendo el país que has visitado para dar rápidamente con el origen de la enfermedad.

Como experto y vecino afectado, me gustaría preguntarle por las termitas. ¿En qué situación se encuentra esta plaga?

Pues mira, no es mi especialidad, pero en mi casa tuvimos termitas y también en las casas de mi entorno. Es una termita americana, subterránea, actúa en planta viva como la viña, o las palmeras, con el peligro que eso puede suponer. Se pusieron trampas subterráneas que ayudaron a disminuir, pero de vez en cuando aparecen algunos brotes.

¿Qué les diría a las nuevas generaciones que se quieren dedicar a la investigación?

Cuando te dedicas a la investigación tienes que saber que tú trabajo condiciona tu vida a la de tu entorno. Es importante explicar y hacer partícipe a tu familia de cómo es tu trabajo. La investigación implica no tener reloj ni calendario, eso sí, la satisfacción es tremenda. Además, cuando voy a dar charlas a los colegios me gusta trasladar a los niños la importancia de vivir en sociedad y servir a la sociedad, debe ser recíproco. Lamentablemente, la actitud de servicio, los conceptos éticos y de comportamiento se están perdiendo.