Octavio Suárez. “El duelo, como la música, no siempre se entiende, pero siempre se siente”.

Por María Domenech

Octavio Suárez García es músico y movilizador cultural. Comenzó sus estudios de música a los 7 años en la banda de música del municipio grancanario de la Villa de Moya. La música ha sido siempre su principal forma de expresión y el lenguaje desde el que entiende la vida, el silencio y la emoción. Como movilizador cultural su propósito es abordar temáticas y vivencias a menudo “tabú” que permitan ayudar a través de las experiencias contadas. Un buen ejemplo de ello es su primer libro “Mi caja de música. El sonido de las pérdidas y el silencio del acompañamiento” que nace como fruto de la experiencia personal del duelo y del acompañamiento a otras personas en procesos de pérdida. A través de una mirada cercana y profundamente humana, Octavio une música y palabra para reflexionar sobre el dolor, la escucha y la importancia de estar presentes.

¿Cómo nace “Mi caja de música»?

“Mi caja de música” nace en un momento muy concreto de mi vida, justo a la salida del funeral de mi hermano Marcos en diciembre de 2019. Allí recibí un regalo inesperado de Natalia, se trataba de un ejemplar del libro “Acompañar” de Sergio García Tejera (Círculo Rojo, 2017) y en la dedicatoria decía: “Tú sí sabes acompañar, tu madre tiene mucha suerte de tenerte”. 

¿Qué significa la “caja de música” del título?

La caja de música es una metáfora de mi duelo y mi acompañamiento. Podemos decir que cada pérdida suena con una melodía diferente. La realidad es que no podemos elegir cuándo abrimos nuestra caja, pero sí podemos aprender a escuchar esas melodías. 

La música atraviesa todo el libro como metáfora. ¿Tiene que ver con tu faceta como músico?

Sí, totalmente. Yo soy músico y la música forma parte de mi lenguaje, está ligado a mi forma de expresarme. Cuando empecé a escribir, me di cuenta de que hablaba del duelo como hablo de la música: de silencios, de ritmos, de notas que aparecen sin avisar. Es una metáfora que surgió de forma muy natural.

¿Por qué crees que la música encaja tan bien con el duelo?

Porque el duelo, como la música, no siempre se entiende, pero siempre se siente. No siempre podemos explicar el dolor, es probable que nos cueste verbalizarlo,  pero sí que podemos escuchar. En la música, el silencio también forma parte de la obra, y en el duelo pasa lo mismo. 

¿Crees que tu formación como músico ha influido también en tu manera de acompañar a otros en el duelo?

No tengo ninguna duda. La música me ha enseñado a escuchar y a respetar los tiempos. Acompañar a alguien en duelo es como tocar en mi banda: no se trata de lucirse, sino de estar atento, de no romper el ritmo del conjunto y de saber cuándo es mejor callar.

¿Ha sido difícil escribir un libro tan personal?

Sinceramente, sí. Cuando escribes un capítulo de tu vida, una vivencia propia, se desarrolla paralelamente un proceso muy emocional. Tengo que confesarte que he llorado escribiendo muchas páginas pero, al mismo tiempo, he dejado fluir mis sentimientos y poder expresarlos, ha resultado sanador. Escribir me ayudó a entenderme y a darme cuenta de que no estaba solo en lo que sentía.

En el libro insistes en que no hay una forma correcta de vivir el duelo. ¿Por qué?

Porque cada persona vive el dolor como puede, no hay tiempos ni normas establecidas, no existe un manual de instrucciones para poder manejarlo. Juzgar cómo debe llevar el duelo otra persona puede hacer mucho daño. Sin embargo, cuando acompañamos estamos respetando el ritmo de la otra persona. 

Tu madre tiene un papel muy importante en el libro. ¿Qué has aprendido de ella?

He aprendido que el dolor no se supera, se aprende a vivir con él. Mi madre ha perdido a su marido y a dos hijos, y aun así sigue adelante. Es un ejemplo de fortaleza silenciosa.

Dedicas un espacio al duelo por la muerte de un hermano, un dolor poco visible. ¿Por qué?

Porque suele quedar en segundo plano. Siempre se espera que los hermanos seamos fuertes y sostengamos a los demás, pero es evidente que también sufrimos. Cuando se pierde a un hermano se pierde parte de tu historia.

Carlos está muy presente en el libro. ¿Quién es para ti?

Carlos es un niño que sigue estando, aunque no esté físicamente. Dejó una huella muy profunda en mí. Es un fantástico representante a todas las personas que permanecen vivas en nuestra memoria. Hablar de él, al igual que de las personas que nos han dejado, nos llena de esperanza y nos permite sentirlos, porque cuando dejamos de nombrar a quienes hemos perdido, los perdemos dos veces.

Natalia aparece como una figura muy silenciosa. ¿Qué has aprendido de ella?

Natalia es la mamá de Carlos, de ella he aprendido que el silencio también acompaña. Natalia no necesita muchas palabras. Su manera de estar, de escuchar y de sentir es muy profunda. Su silencio es presencia.

Dices que es importante nombrar a Carlos cuando estás con Natalia. ¿Por qué?

Sí, es muy importante, al igual que con el padre de Carlos, Reni. Para unos padres su hijo nunca deja de existir. Evitar su nombre no ayuda, duele. Hablar de Carlos les permite seguir sintiéndose madre y padre manteniendo vivo el vínculo con su hijo.

Emma Suárez aporta una voz muy especial al libro. ¿Por qué quisiste incluirla?

Emma y sus padres fueron quienes me hicieron ver la necesidad de escribir este libro. Su texto es imprescindible porque Emma habla desde la naturalidad y la verdad de manera muy honesta como hermana. No habla solo de pérdida, habla de amor, de convivencia y de toda una vida compartida.

¿Qué aporta su testimonio al conjunto del libro?

Yo creo que aporta luz, que nos recuerda que el duelo no tiene por qué ser oscuro siempre. En su testimonio también podemos encontrar ternura, humor y recuerdos bonitos. Es una forma de mantener vivo el amor, de demostrar que el amor no desaparece, sino que se transforma.

¿Se puede acompañar aunque no estemos físicamente presentes?

Por supuesto que sí. Acompañar es estar disponible. Un mensaje sincero, una llamada, recordar una fecha importante, es evidente que la presencia también puede existir sin cercanía física.

¿A quién va dirigido “Mi caja de música»?

“Mi caja de música” es un viaje íntimo que está dirigido en general a todas las personas, porque todas en algún momento de la vida hemos perdido a alguien. “Mi caja de música” no es un manual, pero sí nace como un espacio para sentirse comprendido.

 ¿Qué te gustaría que sintiera la persona que lo lea al cerrar el libro?

Mi intención es que la persona que lo lea sienta que no está sola, que su dolor es válido, y que, incluso en la pérdida, el amor sigue estando presente.

Si tuvieras que resumir el libro en una frase…

El duelo no se cura, se acompaña.