NAVIDAD GRANCANARIA: LA LLAMADA DE “LOS BELENES”

Juan José Laforet

Un año más, y van siglos de tradición navideña, aunque cada época la interpretó y la disfrutó a su manera y entender, uno de los lugares más llamativos y entrañables para las celebraciones navideñas en la capital grancanaria, la Plaza de Santa Ana, luce sus más distinguidas y cordiales galas para acoger el comienzo de la Navidad, de la de toda Gran Canaria, que, en esta noche, afina sus oídos para escuchar el repique alegre, al mar y a la cumbre, de las campanas catedralicias, que anuncian, entre villancicos y voladores, que “las Pascuas”, la fiesta de los belenes, del niño chiquito en el portal, ha comenzado. 

Si como nos dice el más tradicional de los villancicos isleños, «desde la costa a la cumbre, todo canta con amor, en estas Islas Canarias, al Niño Dios Redentor», también la isla, quienes en ella viven, y quienes la visitan y disfrutan en estos días, parecen transformarse, desde una actitud de amor, de solidaridad, de entrega a los demás, en figuras de un hermoso y  entusiasta Belén viviente, que tiene por escenario las costas, las medianías, las cumbres, las ciudades, pueblos y villas de Gran Canaria, desde la que, en Navidad, se irradia, convertida en el más potente de los faros marinos, un hondo mensaje de paz.

Desde esa Plaza de Santa Ana, testigo del discurrir de vidas isleñas, de las de muchas generaciones que nos precedieron en sus casi cinco siglos de historia, a la luz del «Abeto de Noel» y con la mirada atenta puesta en el Belén que aquí también se suele instalar, símbolos de ese espíritu de fraternal cosmopolitismo que identifica y enaltece a sus vecinos, y que les une estrechamente a tantos pueblos del norte y del sur, de uno y otro lado del Atlántico, con un villancico que florece espontáneo e irreprimible en los labios, se puede recordar también la Navidad de nuestros antepasados, la que hacía de toda Vegueta y Triana, de la isla entera, un orbe casi mágico en los días en que, las «misas de la luz» señalaban la llegada de la Navidad; y recordar es rescatar, como han hecho posible los nuevos y entusiastas belenistas, que desde hace ya bastantes  años nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de una larga y maravillosa ruta de Belenes en esta capital, como en otros lugares señeros de la isla, como Telde, Teror, Gáldar y Guía, Moya, Mogán o Maspalomas, sin olvidar el bello y entrañable “Belén viviente” de Veneguera, en la tarde noche del mismo 25 de diciembre. Es por ello que, en estos casos, no dudo en repetir, como escribió un gran autor español, hace ya tiempo, que «todo lo que no es tradicional, es falso».

Miro a la catedral y sus piedras centenarias, sus altas torres, su reloj de tiempo lento y minucioso, me traen el recuerdo y la añoranza de la infancia, de todas las infancias que, con el suave murmullo de la “Misa Pastorella” del Maestro Valle, cada Nochebuena, como fondo persistente, vivieron su Navidad en la intimidad de estas calles y patios, donde los belenes florecían con la imaginación fecunda de los niños.

Al llegar diciembre, desde los días de la Inmaculada y de Santa Lucía, un nerviosismo misterioso, una cierta inquietud, parece apoderarse de todo el vecindario, de todas y cada una de las familias grancanarias. Por toda la isla, en cualquier rincón de esta ciudad, el ánimo está ya predispuesto a lo íntimo, a lo fraterno, al sentimiento profundo, pues estas fiestas, muy por encima de cualquier otra consideración material o banal, nos llaman a la solidaridad, a la comprensión, al amor.

Como ayer, como en siglos pasados, en los que, como dejó escrito, en sus «Recuerdos de un noventón», Domingo José Navarro, «pocas eran las casas que no tuvieran su Nacimiento…Unos más sencillos, otros más complicados, todos objeto de continuas entradas y salidas para satisfacer la curiosidad hasta el día de la Candelaria que terminaba el largo visiteo», hoy los belenistas de Gran Canaria, desde su fervor navideño, son testimonio de esa luz grandiosa que, en un humildísimo pesebre, vino una «nochebuena» a traernos la esperanza, el amor y la paz para todas las gentes de buena voluntad.

Así, hay que dejar que «la llamada de los belenes» prenda, con su ineludible mensaje de esperanza, en este mes de diciembre, en el que también se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, que tiene su capilla en la veguetera Iglesia de Santo Domingo, en lo más íntimo de los sentimientos, en la vida cotidiana de cada hogar, para que, de esta Navidad, y en los tiempos tan difíciles que atravesamos, salga reforzado nuestro compromiso con el amor y con la paz.

Navidad, fiestas de “Pascua”, con las que llegan el furrungeo de timples y guitarras, las voces alegres que cantan a la Navidad, cuando los labios hilvanan los más hermosos. Unidos a todos ellos es como pregonar el comienzo de la Navidad en Vegueta, en toda la Gran Canaria, con la letra de un villancico que entona, en estas fiestas entrañables, aquellos versos de “Caracolas de plata, lucecitas del cielo, / ¡Gran Canaria es un Belén! / De la costa a la cumbre / se escuchan cantares / que el Rey de los Cielos va a nacer.”