El Cabildo rinde homenaje póstumo al consultor, clave en la declaración del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial
Desde tiempos inmemoriales, contamos con luces que alumbran nuestros pasos por este mundo. También en Gran Canaria, isla destinada a ser la página en blanco donde escribir una singular y milenaria historia sobre el Atlántico.
Algunas de esas luces extraordinarias brillan durante unos días. Es el caso de los rayos del sol cuando se elevan sobre las espaldas de la Caldera de Tejeda para anunciar la llegada del otoño, al caer con precisión sobre el marcador labrado en la toba volcánica por la población aborigen.
Otras luces, en cambio, alumbran sin descanso, con la intensidad propia de todo aquello nacido para perdurar en forma de memoria, respeto e inspiración permanente. Jamás se alcanza una cima sin contar con un guía experto, solidario, bueno, sabio y comprometido.
“En esta categoría se encontraba Cipriano Marín”, afirmó el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, en el homenaje póstumo del Gobierno de la isla a Cipriano Marín Cabrera, consultor y referente internacional en múltiples procesos vinculados al territorio, el patrimonio y la defensa de los valores ligados a la cultura, la diversidad de los pueblos y la sostenibilidad, además de figura clave en la declaración del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como Patrimonio Mundial.
“Cipriano Marín nos mostró que el Patrimonio Mundial es un abrazo al pasado, pero también un modo de entender el futuro”, señaló el presidente del Cabildo, Antonio Morales, en el emotivo tributo celebrado en la sede del Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y al que asistieron familiares, amistades y personas de múltiples los ámbitos que compartieron tiempo y trabajo con él, y que contó además con la intervención del consejero de Presidencia, Teodoro Sosa, la proyección de un video sobre su trayectoria y la entrega de una escultura a la familia.

“Gracias a Cipriano, convencimos al mundo y me atrevería a decir que convencimos a la propia isla, superando las incredulidades, resistencias internas, tibiezas e inseguridades que tantas veces nos han coartado a lo largo de la historia”, reflexionó Morales. “Cipriano”, agregó, “nos hizo ver con claridad que hemos tenido la fortuna y la responsabilidad de recibir en nuestras manos la rica y singular herencia de quienes habitaron el corazón mismo de las Montañas Sagradas, en diálogo constante con la tierra que pisaban y los astros”.
El presidente del Gobierno de la isla lo definió como un hombre “sabio y bueno” y especificó que “aportó su visión panorámica, la propia de un pionero y firme defensor de la sostenibilidad, del turismo responsable, de los valores democráticos, de la identidad y la diversidad de los pueblos del planeta, con especial sensibilidad hacia los territorios insulares”.
Además, subrayó que “el proceso que impulsado desde el Cabildo y que él ayudó a enhebrar con rapidez y extraordinario rigor sigue siendo un ejemplo ante la Unesco”. Igualmente, indicó que la iniciativa “reavivó el sentimiento de ser depositarios de una naturaleza y un devenir histórico fascinantes”.