La Catedral de Canarias y el Papa León XIV             

Juan José Laforet, Cronista Oficial de Gran Canaria.

Ningún Papa ha visitado Canarias a lo largo de su historia, aunque muchas decisiones vaticanas marcaron el devenir de las islas, en especial a finales del siglo XV y a lo largo del siglo XVI. Quizá por ello ha tenido gran repercusión, y ha generado enorme expectación, la noticia de una, ahora sí, casi segura visita a Gran Canaria del Papa León XIV el próximo mes de junio. Sin embargo, todavía quedan muchas decisiones que tomar, muy diversos aspectos que cerrar, o contactos que realizar y tener en cuenta, pues no sólo se trata de una visita de un líder religioso, de la cabeza visible de la Iglesia católica, sino es la visita de un Jefe de Estado, y como tal se deben tener en cuenta numerosas consideraciones que afectarán decisivamente el carácter y el formato del viaje, como puede ser, en primer lugar, si se trata de la categoría que se le quiere dar a este viaje, pues puede ser visita oficial (aunque esta es más para jefes de gobierno o ministros) , o visita de cortesía o de trabajo, como también visita privada, y entonces el protocolo diplomático cambia.

Ningún Papa ha visitado las islas, pero si hay un precedente muy elocuente, que puede sugerir mucho en el momento de tomar decisiones de programas posible y eventos a organizar. Son las dos visitas que, en octubre de 1934, hizo a Gran Canaria el cardenal Eugenio María Giovanni Pacelli, en su viaje de ida y vuelta a Buenos Aires con motivo del Congreso Eucarístico mundial. Para el Vaticano estaba claro que, en las circunstancias políticas difíciles que se vivían Europa en particular, como las que atravesaban muchos otros lugares del mundo, la capital bonaerense era el mejor lugar para celebrar tan multitudinario y significativo evento, y que el cardenal Pacelli, como legado pontificio, que ocupaba un lugar privilegiado en el círculo de confianza del Papa, era persona más adecuada para ostentar la representación papal. 

Así, cuando Pacelli visita Gran Canaria ostenta la representación del Papa, de un Jefe de Estado, por lo que, a tenor de lo que las normas del derecho protocolario han marcado en muchos países y en muy diversas épocas, incluida España en la actualidad, donde el RD 2099/83, en su artículo 9º, reconoce que la persona “que ostente expresamente la representación de Su Majestad el Rey” “gozará de la precedencia reconocida a la autoridad que representa”, se daba la circunstancia de que se recibía al propio Pontífice en su más alta representación, y esto se manifestaba en el júbilo con que se recibió su inesperada y breve visita el viernes 28 de septiembre de 1934, haciéndose sonar las campanas de todos los templos de la ciudad, mientras la ciudadanía se agolpaba masivamente para acogerlo. 

Su visita sería ese día breve, pero intensa. Desde el puerto, en una larga comitiva de vehículos aportados para la ocasión por distintas familias de la isla, así como los de las autoridades, se trasladó Catedral de Canarias donde un gran gentío le esperaba delante de la Plaza de Santa Ana y comenzó a vitorearle con enorme alegría. En el interior de la basílica, y mientras oraba en la capilla del Santísimo Sacramento, la orquesta y coro de la Filarmónica interpretó el “Tu es Petrus” de Palestrina, lo que hoy podemos ver como una auténtica premonición grancanaria de su elección como el 273 Pontífice de la Iglesia Católica cinco años después, en 1939, con el nombre de Pio XII.  

Noventa y dos años después de una visita que marcó época, que provocó muchas reflexiones y debates, y que nunca se olvidó, de una estancia que rememora la placa colocada en el atrio de la Catedral de Canarias, junto con otras dos placas que resaltan la vinculación directa del templo con el vaticano, noventa y dos años después de recibir Gran Canaria a quién fue tan significado Pontífice, el Papa Pio XII, bueno será recordar lo que entonces supuso esa visita, para entender mejor lo que ahora supondría la del Papa León XIV, como la trascendencia y la memoria que dejaría en toda Canarias.   

Ahora, cuando se prepara esta visita, en medio de inmensas ilusiones y expectativas, no se puede olvidar la importancia enorme, extraordinaria, histórica, que tiene la Catedral de Canarias, cuya construcción fue solicitada en enero de 1484 al Papa Sixto IV por la propia reina Isabel la Católica, y ubicar en ella uno de los puntos ineludibles del programa de esta nueva jornada grancanaria pontificia, tan elocuente para el momento histórico que viven las islas. Hoy la Catedral puede y debe ser símbolo también de las migraciones, de los emigrantes, esa acuciante y grave realidad que la Iglesia asume plenamente, y que es motivo fundamental del viaje del Papa a este Archipiélago. 

La Catedral de Canarias, levantada con magnificencia arquitectónica para señalar la grandiosidad de las aspiraciones de la iglesia y de la sociedad a través de los siglos, es por ello un hito ineludible para Canarias en su conjunto, junto a ser su monumento histórico arquitectónico más señero. Además, se alza como auténtico elemento totémico de la historia insular, donde se recogen los más importantes y elocuentes momentos de discurrir de la vida en Canarias, por lo que ahora, tras la visita papal a esta basílica, podría colocarse una placa, como ya está la de Pio XII, que deje constancia para las futuras generaciones de la presencia del papa León XIV entre las gentes migrantes que residen hoy aquí entre desesperanzas e ilusiones.  

Esta visita del papa a la catedral sería también un acto de recuerdo y homenaje al gran Papa Eugenio IV, que fue crucial para la Diócesis de Canarias, pues fue quién en 1435 decretó el traslado de la sede del Rubicón a la isla de Gran Canaria, dándole a la diócesis el nuevo nombre de «diócesis de Canarias y Rubicón» (dioecesis Canariensis et Rubicensis), aunque dicho traslado no se puedo hacer efectivo hasta 1483, siendo obispo Juan de Frías. Un Pontífice que, en 1434, a través de la “Bula Sicut Dudum”, condena la esclavitud de los canarios y exige su liberación, un acto temprano contra la esclavitud de no cristianos, algo que reiterará la reina Isabel, en Real provisión dada en Sevilla en 1500, cuando también condena y prohíbe tanto la esclavitud de los naturales de Canarias, como de los territorios de América. Y tampoco se puede olvidar su temprana decisión de ordenar el traslado de los archivos desde el Rubicón a Gran Canaria, dando origen al Archivo Histórico Diocesano actual, fundamental para el conocimiento de la historia isleña. 

La Catedral hoy, aledaña a ese otro significativo “monumento” que es la Casa de Colón, se levanta como verdadero y elocuente testigo del papel crucial de Canarias en la ruta del encuentro de otros continentes, culturas y civilizaciones con la hermana América. Una gran placa, colocada en el Patio de Los Naranjos, recoge la larga lista de prelados naturales de estas islas que estuvieron al frente de diócesis americanas. Su archivo atesora documentos de gran interés para esa historia y su Museo de Arte Sacro deja también testimonio de obras y objetos de gran valor para esa historia de encuentro y hermandad. Algo que habla, así mismo, como la historia de Canarias es la historia de las migraciones en una y otra dirección del Atlántico, de una realidad migratoria sin la que no se entendería la propia esencia poblacional de Las Palmas de Gran Canaria.

Y en el entorno catedralicio el Papa León XIV Podría recordar a los hermanos de su congregación agustina, que entre el siglo XVII y el siglo XIX mantuvieron, en esta provincia religiosa  isleña de Santa Clara de Montefalco, un gran claustro en esta ciudad, el Convento de San Agustín, en cuyo templo se daba culto a la antigua y venerada imagen del Cristo de la Vera Cruz, considerado de siempre por la población como “copatrono” de esta ciudad, título que se podría oficializar con motivo de esta visita, en la que la imagen del Santo Cristo se podría llevar a la Catedral para recibir la bendición de romano pontífice.

Una visita del Papa que debe tener dos símbolos claros y trascendentes, de un lado la realidad de las migraciones, y de otro la Catedral de Canarias, como hito totémico de esta historia que continúa.