“Con la fotografía digital hemos ganado inmediatez y, con la analógica, calma”

Con Tato GonÇalves las entrevistas se cuecen a fuego lento, como sus imágenes. Tato es un fotógrafo de los de siempre al que le ha tocado navegar en su profesión hasta la orilla de la era digital. Amante de la belleza, con él hemos descubierto los rincones más recónditos de las islas, especialmente los de su tierra, Gran Canaria. GonÇalves reconoce que la cultura del agua en las islas le ha conquistado, así lo reflejan algunos de sus principales trabajos; y, el mar, representa su paisaje ideal. La ecoresponsabilidad es para el artista una máxima a seguir. Sus fotos exaltan los regalos de la naturaleza y narran historias de quienes en nuestro territorio habitan. Son un legado histórico de valor incalculable que nos conducen hasta nuestra raíz. 

—Tú relación con la fotografía comenzó muy joven, con aquella primera cámara que le regaló su padre cuando tenía 16 años. ¿Recuerdas las sensaciones que te provocó tener aquella cámara?

    Mi padre no solo me regaló la cámara, también las cubetas, una ampliadora, en definitiva, todo un laboratorio que monté en casa de mi abuela. Todavía recuerdo ese primer proceso mágico en el que, tras hacer una foto, revelar el negativo y poner el papel en el revelador, apareció la imagen. Aquello despertó algo en mí que marcó el inicio de todo. 

    —Dices que el fotógrafo no siempre nace, sino que se hace, ¿qué cualidades se necesitan para desarrollar esa capacidad?

      Yo no creo que se nazca siendo fotógrafo, lo que nace es una mirada inquieta, una duda, un gran mirador/a, un voyeur. Hay una especie de chiste que dice que “si el niño no se integra en la guardería es porque será fotógrafo” (risas), yo pienso que algo de inquietud sí nos define. 

      —Con más de 40 años de trayectoria has vivido la fotografía analógica, el negativo, el revelado y aquella “magia” de ver aparecer una imagen. ¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido con la fotografía digital y con la inmediatez?

        Recuerdo que yo estaba por aquel entonces colaborando con el periódico Canarias 7 cuando me dijeron que ya no íbamos a revelar, era positivar y el negativo se iba a escanear. Aquella noche no dormí intentando aprender a escanear (risas). No pienso que se haya perdido mucho, se ha ganado inmediatez en la fotografía digital y calma en la fotografía analógica. De hecho, hay un resurgimiento de la fotografía analógica, conozco jóvenes que me han pedido realizar talleres y que tienen cámaras digitales, pero quieren aprender a revelar negativos, etc. 

        —Has fotografiado Gran Canaria durante buena parte de tu vida. ¿Qué ha supuesto descubrirla a través del objetivo de la cámara?

          He fotografiado Gran Canaria durante gran parte de mi vida; he aprendido maravillas, a conocerla, a verla en calma. A veces voy de caminata a fotografiar y mi prisa no es por llegar, sino por descubrir algo nuevo. 

          —Has recorrido lugares muy poco conocidos, desde presas y estanques hasta barrancos, crestas y rincones del mundo rural. ¿Cuál ha sido el descubrimiento que más te ha sorprendido de la isla? ¿Qué papel juega el mar, el agua, en esa belleza?

            He estado en sitios pocos conocidos, he conocido presas y estanques y, lo que más me ha impresionado de todo, es la cultura del agua. Esos viaductos, esos acueductos, ese acueducto de Maspalomas, ese estanque-cueva enorme con una belleza espectacular que está en la finca de San Rafael, son algunos ejemplos a destacar.  

            —Durante años ha trabajado junto a Yuri Millares en Pellagofio, acercándote precisamente a ese mundo rural. 

              Yuri Millares es una enciclopedia rural de gastronomía, ganadería, agricultura, etc. Él en el campo es feliz y he podido aprender muchísimo a su lado. Trabajamos unos años juntos e hicimos “Cien vinos imprescindibles” junto a Mario Reyes; “Quesos imprescindibles de las Islas Canarias” con Isidoro Jiménez; “Los últimos pastores trashumantes de Gran Canaria”; también trabajamos mucho los pescados de las islas y elaboramos un “Atlas gastronómico de la pesca en Canarias”, con José Antonio González y el “Recetario de pescados olvidados y  emergentes”; y otro trabajo junto a Cristóbal Guerra que me cautivó fue “Los colores del vino”, un recorrido por doce bodegas de Gran Canaria. Sin duda, es mucho lo que he podido aprender al lado de Yuri.

              —¿Cuáles son esos lugares o momentos que no te cansas de fotografiar?

              En cuanto a los paisajes me quedo con el mar, estoy trabajando una serie desde hace un tiempo y cada vez me entusiasmo más. 

              —En tiempos en los que fotografiamos de forma casi convulsiva ¿Qué implica fotografiar despacio?

                Hay otro tipo de fotografía que no es la inmediatez ni es periodística, sino que quiere ser la calma. Poder revelar con paciencia, procesar con paciencia es lo que más me interesa ahora. 

                —También has sido fotógrafo de prensa. ¿Qué te enseñó el fotoperiodismo?

                  El fotoperiodismo me enseñó la inmediatez, la rapidez, llegar, hacer la foto e ir al grano (el gol en el deporte, el herido en el suceso, etc).  También te confieso que yo no soy muy de carreras, no me gustan.

                  —¿Eres consciente del valor documental que tendrá tú obra en el futuro para dibujar la Gran Canaria del pasado?

                    Pues sí, soy consciente del valor documental que acumulo entre los negativos y positivos que tengo. Esta pregunta me recuerda que tengo que entregar muchos retratos al CAAM – Centro Atlántico de Arte Moderno- porque también trabajo con ellos y quiero que atesoren estas imágenes.

                    —¿Qué otra isla o islas te han enamorado a través del objetivo?

                    ¡Todas! Lanzarote es espectacular; La Palma porque me asombran esos paisajes y sus bosques; El Hierro, la calma, la serenidad; La Gomera, la quietud, la redondez, los barrancos; Fuerteventura, su serenidad. Es que podría deshacerme en halagos con todas las islas porque todas me encantan. 

                    —Hablas en ese sentido de “ecoresponsabilidad”. ¿Hay lugares que has decidido no mostrar o fotografías que prefiere guardar para proteger aquello que retrata?

                      Por supuesto que abogo por la ecoresponsabilidad, hay lugares que no muestro o si los muestro lo hago parcialmente y nunca los sitúo ni los llamo por su nombre. Basta tan solo con mirar como está El Roque o el barranco de Las Vacas que es uno de los más afectados.

                      —¿Eres capaz de visualizar qué papel jugará el fotógrafo en tiempos de Inteligencia Artificial?

                        No soy capaz de visualizar el papel que jugará el fotógrafo, pero, por ahora, se pueden hacer muchas cosas con Inteligencia Artificial. De hecho, en algunos certámenes se han premiado obras cuyos autores han confesado, a posteriori, no merecer el premio porque estaba hecha con IA y no era una foto en sí.

                        —Si tuviera que elegir una sola fotografía de todo su archivo para explicar quién es Tato Gonçalves, ¿cuál elegiría y por qué?

                          No tengo una sola foto para explicar quién es Tato GonÇalves; hay retratos, hay periodismo, hay exposiciones, pero sí recuerdo que durante un tiempo monté un fondo en la calle con frases para fotografiar a gente de forma espontánea que se dejase fotografiar.  Recuerdo una en El Polvorín en la que dos chicos bailaban capoeira, la historia no era aislar al personaje, sino que se viera que existía un fondo montado y que posaban, esa quizás define un poco mi estilo.