OSCAR HERNÁNDEZ, ALCALDE DE AGÜIMES
Diciembre es siempre para mí –diría que casi para todo el mundo– un mes de reflexión. Termina el año y es tiempo de hacer balance, recordar momentos y experiencias, repasar éxitos y decepciones, aciertos y errores.
Repensar lo vivido nos ayuda a darnos cuenta del paso del tiempo. Echamos la vista atrás para tomar conciencia de dónde estamos, afianzarnos en el presente y proyectar el futuro que deseamos. Es lo que hacemos en Nochebuena, rodeados de nuestros seres queridos, y también en Nochevieja, cuando sellamos con las uvas los buenos propósitos, nuestros sueños y aspiraciones para el nuevo año que comienza.
Qué tendrá la Navidad para resultarnos tan maravillosa. Sueños, anhelos y deseos. Esperanza compartida. Y la luz como una metáfora, luz que triunfa frente a la oscuridad, la tristeza o el desconsuelo.
Estas fechas siempre entrañables nos invitan a celebrar la vida con alegría, compartir ilusión y felicidad, amor y bondad, esa palabra en desuso que conviene cada vez más reivindicar. Sí, hagamos apología de la bondad. Seamos buenas personas. Aunque sólo fuera por seguir el sempiterno consejo de nuestros mayores a estas alturas del año: “hay que portarse bien, que los Reyes están mirando”.
Felices fiestas.