La innovadora idea de celebrar una vez al año el Día del Libro, como si de un cumpleaños se tratara, surgió del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés cuando en 1923 realizó la propuesta a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona.
En 1928 la Cámara Oficial del Libro de Madrid recuerda a los Ayuntamientos, entre ellos al de Valleseco, mediante un comunicado con fecha uno de octubre de 1928 “el deber que están de cooperar moral y materialmente en la mayor brillantez y eficacia de la Fiesta del Libro, que, según R. D. de 9 de Febrero de 1926, ha de celebrarse todos los años el día 7 de octubre.
Como V. I. sabe, el art. 10 del citado R. D. dispone lo siguiente: (…)
Los Ayuntamientos destinarán, igualmente, al “Día del Libro” una cantidad del medio al tres por mil, según el presupuesto y número de habitantes, fijándose la escala por R. O., a la creación de Bibliotecas populares o reparto de libros en sus establecimientos de enseñanza o de beneficencia y entre los niños pobres.
Y el Art. 2º de la R. O. del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria, con fecha 17 de septiembre de 1926 establece que los Ayuntamientos destinarán igualmente una cantidad, proporcional a sus presupuestos, a la creación, asimismo, de Bibliotecas populares o al reparto de libros en los citados Establecimientos de enseñanza o beneficencia que de ellos dependan o entre los niños pobres, a cuyo efecto podría establecerse la siguiente escala de aplicación mínima:
(…) Para los Ayuntamientos con presupuesto hasta DOSCIENTAS MIL PESETAS: EL TRES POR MIL”. En este tramo estaba incluido Valleseco.
Las primeras acciones llevadas a cabo por el Ayuntamiento para el cumplimiento del R.D. se reflejaron en las escuelas, previa información a la Junta de Instrucción Primaria Municipal compuesta por el alcalde, un maestro, un padre, una madre y el párroco.
Para ello se crearon pequeñas bibliotecas escolares en las Escuelas Nacionales, unitarias de niños, niñas y mixtas, repartidas por el municipio con el objetivo fomentar los aprendizajes de la lectura y escritura en unos estudiantes aislados geográficamente y carentes de recursos mínimos para formarse.
Los maestros y maestras con gran inventiva, cariño y entusiasmo, las organizaron para que los escolares tuvieran acceso a cada uno de los libros de forma rotatoria al disponer de un sólo título por grupo escolar. Como motivación hacia la lectura al finalizar la clase, de la mañana y de la tarde, después o antes de la oración, alguien del aula leía algún fragmento del último libro incorporado a la biblioteca como animación hacia sus compañeros.
Cuando existía un único ejemplar éste se encontraba en alguna de las escuelas de El Recinto para que fuera consultado por los estudiantes de los distintos barrios; nació así una rudimentaria biblioteca popular, muy valorada por los colegiales.
Sin restar significación alguna a las actuaciones anteriores y continuando en la misma línea hasta la actualidad; son las corporaciones municipales republicanas las que atienden con la debida consideración la importancia de la instrucción de los críos, en paridad de género, para que tuvieran acceso a los libros ofreciendo premios a los lectores.
El Ayuntamiento, cuando pudo económicamente, adquirió enciclopedias, libros de texto, obras históricas, geográficas, de viajes por el archipiélago, de religión, etc. Sin olvidar diferentes revistas culturales y educativas para una puericia ávida de saber.
Es en 1934 cuando, por primera vez, en una sesión plenaria se propone dotar a las escuelas del municipio de “el Espasa”. Ésta no es aceptada por la mayoría de los concejales; tal vez por elevado importe que ocasionaría comprar 13 de ellas.
“Acto continúo se trata sobre el asunto de adquisición de la enciclopedia Espasa con destino a las bibliotecas escolares populares; después de amplias deliberaciones la corporación acuerda no adquirirla, con los votos del Sr. Rodríguez y el Sr. Sarmiento, en contra del voto de la Presidencia”.
Pero adquirió en ese año libros de lectura de un personaje histórico canario.
“Acto continúo la Corporación trata del asunto sobre adquisición de ejemplares de la obra de Don José Ballón y Lorenzo sobre Viera y Clavijo acordado por unanimidad adquirir trece con destino de una para cada escuela y otro para la biblioteca popular escolar”.
Dota a las escuelas en 1935 de libro de lecturas.
“A continuación y en virtud de la correspondientes instancias se acuerda facultar al Alcalde y Secretario del Ayuntamiento, para adquirir un número prudente de ejemplares de la obra “De Gran Canaria a Roma de Don Pablo Artiles …”.
“Seguidamente el Ayuntamiento por unanimidad acuerda adquirir con destino a las escuelas del pueblo, doce ejemplares de cada una de las obras, “Isla Azul”, “Labor en curso” e “Historia de la conquista de la Gran Canaria”.
Premió a los lectores con otras publicaciones:
“Seguidamente por unanimidad se acuerda facultar a la alcaldía para adquirir el número de ejemplares de la revista “Alerta” que considere necesarios dentro de la consignación en el presupuesto para premios a los alumnos de las Escuelas Nacionales”.
Proporcionó a los niños o niñas sin recursos económicos con libros de textos y de lecturas.
“A Don Emilio Martínez delegado, la cantidad de mil doscientas pesetas importe de ciento noventa y siete “Enciclopedias Aguado G.” preparatorio y cinco libros “Lecturas” suministrados a este Ayuntamiento con el fin de destinarlos a los alumnos pobres de las Escuelas de esta localidad en el pasado años de mil novecientos cuarenta y dos”.
“A don Emilio Martínez, Delegado de las Palmas de gran Canaria, la cantidad de setecientas noventa pesetas cincuenta céntimos, importe de 93 “Enciclopedias Aguado G. Elemental “, suministrados a este Ayuntamiento con el fin de destinarlas a los alumnos pobres de este término en el corriente año de 1943”.
El último año en que se celebró el 7 de octubre el Día del Libro fue en 1930. Por decisión gubernamental la fecha se cambió al 23 de abril al llegarse a la convicción de que no era seguro que Cervantes hubiera nacido ese día y sí lo era la fecha de su muerte.
El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en España, así que el Día del Libro, que por primera vez se celebró el 23 de abril, sólo unos días después del cambio de Régimen, pasó un poco inadvertido. Los acontecimientos políticos ocupaban casi exclusivamente la cabeza y el corazón de los españoles.
La celebración se extendió internacionalmente a partir de 1995, cuando la UNESCO, a propuesta de la Unión Internacional de Editores, aprobó proclamar el 23 de abril como el «Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor».