Ha sido uno de los personajes más entrañables que ha vivido en Corralejo, nacido en el seno de una familia de gentes de la mar. Sus abuelos junto con otros linajes del norte de Lanzarote fueron los primeros en asentarse, de forma permanente, en la octava isla. Tal desplazamiento de personas estuvo motivado por la instalación de las factorías de salazón y secadero de pescado: “Sociedad Anónima de pesquería canario-africana”, que Ramón de Silva Ferro levantó a finales de 1880 en La Graciosa.
Antonio Hernández Páez pasó su infancia y juventud entre La Graciosa y Alegranza. Fue precisamente en este último islote donde conoció la labor de auxiliar de torrero. La escasez de personas que conocieran el oficio de farero unido al fallecimiento del torrero suplente del islote de Lobos, Eusebio Doreste Betancort, propició que nombraran a Antonio Hernández Páez como auxiliar de farero en Lobos, en 1936. Y allá que marchó el graciosero con su familia, al solitario islote con su centinela: El faro de Martiño.
Antoñito el Farero fue el personaje más popular del islote de Lobos durante más de 50 años, y el último titular del faro de Martiño. Vivió en la isla con su mujer y sus ocho hijos, dos de los cuales nacieron en el propio faro.
Antes, cuando sucedía algo en el islote sus escasos habitantes construían una hoguera para que se supiera desde Corralejo, que allí pasaba algo grave.
En más de una ocasión el auxilio llegaba con retraso. Cuenta el médico Arístides Hernández que una de esas veces fue cuando Juanita, la mujer del farero, se puso de parto. El día en cuestión y a pesar de que el “toque a rebato” en el islote se dio temprano, cuando el doctor, la partera y otras gentes del pueblo llegaron a Lobos, la hija del farero (Carmen) ya había nacido.
Tras la muerte del farero, nadie vive en este tranquilo islote, siendo las únicas edificaciones del lugar antiguas chozas de piedra seca construidas por los pescadores de la zona y un restaurante que fundó el propio farero, y que actualmente regentan sus descendientes.
En 1999 Antoñito el Farero fue distinguido con la medalla de plata de los Premios Importantes del Turismo.
Antonio Hernández Páez, Antoñito el Farero, murió en 2001.