1966 CÉSAR MANRIQUE REINVENTA LANZAROTE

CÉSAR MANRIQUE, ARTISTA LANZAROTEÑO UNIVERSAL, NACIÓ EN ARRECIFE EL 24 DE ABRIL DE 1919 EN EL SENO DE UNA FAMILIA DE CLASE MEDIA. DESDE MUY PEQUEÑO DIO MUESTRAS DE SUS INQUIETUDES ARTÍSTICAS. SU HERMANA JUANA RECUERDA QUE CON 14 AÑOS CAMBIABA SUS DIBUJOS POR ALMENDRAS Y REALIZABA UNAS ESPECTACULARES ESCULTURAS DE MUJERES DESNUDAS EN LA PLAYA DE FAMARA

María Doménech y Juan Carlos Mateu

Inició los estudios de Arquitectura en La Laguna, se matriculó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), donde se graduó como profesor de Arte y Pintura, y en 1964 viajó a Nueva York, ciudad en la que vivió tres años y en la que entró en contacto con el Pop Art y el expresionismo abstracto americano. En 1966 se estableció definitivamente en Lanzarote con la intención -según anunció a su llegada- de convertir la Isla en uno de los lugares más hermosos del planeta.

Manrique destacó como pintor, escultor, arquitecto y decorador. Nunca quiso que se le encasillara en una faceta concreta porque, a su juicio, eso era minimizar el arte. La independencia fue una de sus banderas. “Crear con absoluta libertad, sin miedos ni recetas, conforta el alma y abre un camino a la alegría de vivir”, comentaba.

Apostó por creaciones llenas de vida, color, luz y movimiento, en un diálogo siempre respetuoso con el entorno natural, lo que le convirtió en un símbolo del ecologismo, adelantándose al concepto de desarrollo sostenible. Los Jameos del Agua, el Lago Martiánez o el Mirador de La Peña son algunos de los exponentes más relevantes de su obra. Recibió el Premio Mundial de Ecología y Turismo en Berlín (1978) y obtuvo, entre otros reconocimientos, la Medalla de Oro de Bellas Artes (1980), el Premio de Medio Ambiente del Consejo de Europa (1985) y el Premio Canarias (1989).

Nunca tuvo reparos para alzar su voz crítica dirigida a la clase política. En 1988, con motivo de la concesión del Premio Teide de Oro, sentenció: “Los canarios nunca han tenido conciencia exacta del gran lujo que significa vivir en Canarias, por su clima, su flora y su paisaje increíble. De la misma manera que no podré entender nunca que las autoridades no hayan tenido la suficiente visión de futuro para darse cuenta de que había que parar para programar una industria inteligente del turismo, que no diera pie a esa especie de especulación caótica que se extiende por todas las islas”.

Su último trabajo lo realizó tres días antes de morir: el boceto de la escultura móvil para la entrada del Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife.

César Manrique falleció el 25 de septiembre de 1992, a los 73 años. Su jaguar no pudo esquivar un todoterreno en un cruce cercano a la Fundación que lleva su nombre. Su funeral fue la mayor muestra de dolor que se recuerda en Lanzarote.