El Puerto Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria volverá a ser en noviembre punto de encuentro de cientos de navegantes de todo el mundo antes de cruzar el Atlantico.
Hay una época del año en la que Las Palmas de Gran Canaria mira especialmente hacia el Atlántico. Es cuando empiezan a llegar barcos de distintos tamaños, banderas y procedencias, y los pantalanes se llenan de acentos, historias y preparativos. Son días en los que la ciudad se convierte en la antesala de una de las grandes aventuras de la vela oceánica: la Atlantic Rally for Cruisers (ARC).
En 2026, la ARC celebrará su 41.ª edición y volverá a poner rumbo desde Gran Canaria hacia Santa Lucía. Por delante, nada menos que 2.700 millas náuticas de océano, una distancia que para quienes participan representa mucho más que una travesía: es un viaje compartido, una experiencia familiar y, para muchos, uno de esos sueños que se llevan tiempo esperando.
La convocatoria volverá a mostrar la enorme diversidad de esta aventura. Serán 125 barcos, entre monocascos, catamaranes y trimaranes, con una eslora media de 15,8 metros. Llegarán embarcaciones procedentes de 33 nacionalidades, desde grandes veleros oceánicos hasta unidades mucho más pequeñas que afrontarán el mismo Atlántico con idéntico destino.
Entre ellos estará el Sorceress, un Southern Wind 960 de 31,41 metros, el barco de mayor eslora de la flota. En el otro extremo se encuentra el SIMBA, un Beneteau First 36.7 esloveno de 10,68 metros. Dos barcos muy diferentes para una misma aventura: dejar atrás Canarias y encontrar el Caribe al otro lado del océano.




Una pequeña ciudad marinera
Quizá uno de los aspectos más bonitos de la ARC no esté en las cifras de los barcos, sino en las personas que viajan a bordo.
La edición de 2026 reunirá a 613 tripulantes de 32 países. Habrá navegantes experimentados y aficionados, parejas, familias y personas de distintas generaciones. La edad de los participantes irá de los 4 a los 82 años. Durante unos días, Las Palmas de Gran Canaria será el hogar temporal de todos ellos: un lugar donde preparar el barco, hacer las últimas compras, revisar equipos y, sobre todo, conocer a quienes compartirán la misma ruta.
Porque antes de cruzar el Atlántico hay otro viaje, quizá menos visible, que también forma parte de la ARC: el que se construye en tierra. Conversaciones en los pantalanes, encuentros entre tripulaciones, últimas reparaciones, despedidas y esa mezcla tan particular de ilusión y respeto que aparece cuando se acerca la hora de soltar amarras.
El calendario comenzará el 10 de noviembre, con la apertura de la oficina de la ARC. El día 13 llegará la actividad de Foresta y el 15 se celebrarán la ceremonia de apertura y la tradicional carrera de dinghies. Finalmente, el 22 de noviembre, la flota comenzará a abandonar Gran Canaria rumbo al Caribe, en diferentes salidas a partir de las 12:30 horas.
Y entonces llegará uno de esos momentos que se han convertido ya en parte del paisaje marítimo de la ciudad: decenas de velas alejándose poco a poco de la costa hasta perderse en el horizonte.
Dos maneras de cruzar el Atlántico: La familia de la ARC tendrá además otra cita con el océano. La ARC+, que comenzó en 2013, propone una travesía dividida en dos etapas. La primera une Gran Canaria y Cabo Verde, con 850 millas náuticas, y la segunda lleva a las tripulaciones desde Cabo Verde hasta Granada, después de otras 2.150 millas.
En 2026 participarán 82 embarcaciones, con 323 tripulantes de 26 nacionalidades. También aquí las cifras hablan de diversidad: barcos con una eslora media de 14,37 metros y navegantes cuyas edades irán de los 2 a los 82 años.
La ARC+ comenzará su actividad en Gran Canaria a finales de octubre. La oficina abrirá el día 28, la actividad de Foresta será el 30 y la ceremonia de apertura tendrá lugar el 1 de noviembre. El 8 de noviembre comenzará la primera etapa hacia Cabo Verde y el 20 se iniciará la segunda, rumbo al Caribe.
Y hay otro detalle que conecta esta gran aventura internacional con la tierra que la acoge.
Desde 2010, el World Cruising Club colabora con Foresta para que los participantes de la ARC y la ARC+ puedan contribuir a un proyecto de plantación de árboles en Gran Canaria. A lo largo de estos años, los navegantes han ayudado a plantar más de 4.000 árboles.
Es una imagen bonita: quienes llegan a Canarias por mar antes de marcharse vuelven a poner algo en tierra. Un árbol que permanecerá aquí cuando ellos estén navegando rumbo a otros horizontes.
Porque quizá esa sea una de las razones por las que la ARC tiene un significado especial para Gran Canaria. No es solamente una regata ni únicamente una travesía. Durante unas semanas, la isla se convierte en punto de encuentro de personas que vienen de muy lejos y que, antes de enfrentarse al Atlántico, encuentran aquí un lugar donde preparar el viaje, hacer amigos y llevarse consigo un recuerdo de Canarias.
Después llegará el océano. Quedarán atrás las luces de la ciudad, las montañas de Gran Canaria y el puerto. Por delante, miles de millas de azul hasta Santa Lucía.
Y mientras las últimas velas desaparezcan en el horizonte, quedará en la isla la certeza de que, un año más, Canarias habrá sido el lugar desde el que cientos de personas comenzaron una de esas aventuras que se recuerdan para siempre.