Rafael Díaz Naval
Hay marcas de automóviles que forman parte de la historia. Y hay otras que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de nuestros propios recuerdos. BMW pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de cada modelo, de cada matrícula antigua y de cada carrocería que todavía sobrevive en un garaje, hay también una historia canaria.
Para reconstruirla no basta con mirar catálogos. Hay que mirar fotografías, consultar viejas matrículas, recordar nombres y, sobre todo, escuchar a quienes vieron pasar aquellos coches cuando todavía eran auténticas rarezas en nuestras carreteras.
Los comienzos de BMW se remontan a 1916, cuando la compañía se dedicaba a la fabricación de motores para aviación. En 1923 llegaría su primera motocicleta y, cinco años después, la adquisición de la empresa Dixi abriría definitivamente el camino hacia el automóvil. En 1929 aparecería el BMW 3/15 y, poco después, en 1932, el AM1, considerado el primer automóvil completamente BMW.
Pero ¿cuándo comenzaron a verse aquellos coches en Canarias?: La respuesta está escondida en algunas matrículas que hoy son auténticas piezas de nuestra memoria automovilística.



Entre los primeros BMW documentados en las Islas aparecen el TF 6199 y el GC 6200, ambos correspondientes al modelo 326. Y antes incluso encontramos una motocicleta BMW R52, aunque podría ser una R11 o R12 con el motor cambiado, matriculada en Gran Canaria en abril de 1930 con la placa GC 3534, que todavía conserva la familia de Ezequiel de la Paz. Era una máquina de 500 centímetros cúbicos, dos cilindros y apenas 12 CV. Una cifra que hoy puede parecer modesta, pero que entonces representaba toda una declaración de intenciones.
También está la TF 3812, matriculada el 20 de noviembre de 1930 a nombre de Ernst Sylwius von Heicking. Era una BMW de 750 centímetros cúbicos con chasis P873, a la que seguirían varias unidades de la R71. Entre ellas, la TF 6116, propiedad de Manuel Fariña Hernández.
Son nombres y números que, vistos desde el presente, parecen pequeñas piezas de un enorme rompecabezas. Pero juntos permiten reconstruir cómo una marca alemana comenzó a abrirse camino en unas islas situadas a miles de kilómetros de su lugar de origen.: Uno de aquellos automóviles merece una atención especial: el TF 6199. Matriculado el 21 de octubre de 1938, era un BMW 327 cabriolet de cinco plazas, equipado con un motor de seis cilindros y 1.971 centímetros cúbicos que desarrollaba 55 CV. Su chasis y motor llevaban el número 82897 y había sido importado por Guillermo Rahn.
Entre 1937 y 1941 se fabricaron 1.124 unidades convertibles y 179 coupés. Después de la guerra, algunos ejemplares continuarían su vida bajo la denominación EMW. Pero la historia canaria de aquel BMW no terminó con su primera matrícula. En 1948 pasó a manos de Lucía de Oruela Castañeda, con domicilio en Madrid. Once años después, en 1959, terminaría en Barcelona, propiedad de Manuel Puig Ondiviela. Un automóvil que, como tantos otros, fue pasando de unas manos a otras mientras alrededor cambiaban las ciudades, las carreteras y las generaciones.
Después llegarían los 501 y 502. En Canarias se registraron al menos tres unidades, entre ellas el TF 9948, matriculado en Tenerife en 1956, el GC 19159, de 1961, y el TF 19962. Eran automóviles de líneas voluptuosas, hasta el punto de recibir en Alemania el sobrenombre de «Ángel Barroco».
La comparación resulta inevitable. Aquellos BMW tenían poco que ver con la imagen deportiva y agresiva que la marca proyectaría décadas después. Eran grandes, elegantes y solemnes; coches concebidos para viajar con distinción.


Y mientras aquellos grandes BMW llegaban a las Islas, también lo hacía un automóvil completamente diferente: la pequeña Isetta. Ligera, simpática y casi entrañable, la BMW Isetta 600 representaba otra manera de entender la movilidad. Con un motor de dos cilindros, 582 centímetros cúbicos y 19 CV, pesaba solamente 550 kilos. Su origen estaba en Italia, en los diseños de Iso, y su desarrollo acabaría incorporando mecánica BMW. La Isetta nos recuerda que la historia de una gran marca no se escribe únicamente con deportivos de altas prestaciones. También se construye con pequeños automóviles capaces de convertirse en parte del paisaje cotidiano.
Los años sesenta trajeron consigo una transformación decisiva: El primer BMW 700 registrado en Tenerife fue el TF 14398, matriculado en abril de 1960 a nombre del médico cardiólogo José Luis Martí Cartaya e importado por J. Renshaw, con domicilio en la calle Viera y Clavijo. Aquel pequeño BMW llevaba un motor bicilíndrico de 697 centímetros cúbicos y 30 CV, caja de cuatro velocidades y un peso de apenas 630 kilos. Y aquí aparece uno de esos capítulos que convierten una historia de automóviles en una historia de pasión: en mayo de 1962, un modelo igual se convertiría en el primer BMW en correr en Tenerife, conducido por José Antonio Jiménez, de Gran Canaria. Desde entonces, la relación entre BMW y el automovilismo en las Islas no dejaría de crecer.
En 1966 aparece otro nombre fundamental: la serie CS. El primer ejemplar registrado es el TF 38620, matriculado el 7 de octubre de aquel año. Afortunadamente, aquel automóvil todavía se conserva.
Después llegarían los 2800 CS y los 3.0 CS. Y con ellos uno de los BMW más espectaculares y reconocibles de todos los tiempos: el CSL, popularmente conocido como «Batmobile» por sus llamativos spoilers. Canarias tuvo la fortuna de recibir dos de las tres unidades que originalmente llegaron a España. Una de ellas, el TF 1508 E, fue matriculada en 1975 a nombre de Enrique Moyá Francés, director del Instituto Nacional de Industria. Su historia tiene incluso un punto de ironía: el comprador aceptó adquirirlo con la condición de que BMW retirase los spoilers y las defensas de plástico. Y así se hizo. La segunda unidad, el GC 2554 F, permaneció durante casi dos años en un escaparate de Gran Canaria debido a su elevado precio antes de ser finalmente matriculada. De las 167 unidades fabricadas del espectacular «Batmobile», solo tres fueron matriculadas en España. Dos de ellas tuvieron historia canaria.


A comienzos de los años sesenta BMW necesitaba reinventarse. En 1962 nació la denominada Neue Klasse, una nueva generación de automóviles que marcaría un rumbo diferente para la compañía. De aquella transformación surgiría la serie 02, que desde 1966 hasta 1975 ofrecería algunas de las siluetas más recordadas de la marca. En Tenerife, el primer 02 registrado fue el TF 38.390, un 1600 matriculado en 1966.
Pero si existe un modelo de esta familia que merece capítulo propio es el 2002 Turbo. Solo se fabricaron 1.672 unidades. Su motor, preparado con un compresor KKK, alcanzaba los 170 CV. En Canarias llegaron varios ejemplares y, afortunadamente, uno de ellos, el TF 6371 D, todavía se conserva. Otro, el GC 8473 D, fue pilotado por el grancanario Pepe Monzón y posteriormente pasaría a manos del piloto Enrique Cruz, quien lo mantiene como parte de la historia familiar. Son coches que ya no son simplemente coches. Son memoria.
En 1975 llegó la serie 3 con el E21 El primer ejemplar registrado en Tenerife fue el TF 8955 E, un 320 automático matriculado el 23 de octubre de aquel año. La serie 3 acabaría convirtiéndose en una de las grandes historias de éxito de BMW, con generaciones como los E30, E36 y E46, entre muchas otras.
Pero para los aficionados canarios, algunos recuerdos tienen nombre propio. Están los BMW preparados por Hartge, como el blanco de Chano Álvarez, y están, por supuesto, los M3. El primer M3 registrado en Tenerife fue el TF 8518 X, llegado en 1986 para cumplir con la homologación necesaria para competir. Su motor de cuatro cilindros, 2,3 litros y 200 CV convirtió a aquel pequeño deportivo en una máquina concebida tanto para la carretera como para los circuitos. También llegaron los M3 Cabrio. Entre los primeros se encuentran los de José Antonio Plasencia y Rosy Jerez.
La historia continúa con la serie 5, que comenzó en 1972. El primer ejemplar registrado en Tenerife fue un 520, el TF 3935 B. Pero el verdadero objeto de deseo serían los M5, precedidos por el M535 de 3,5 litros y 286 CV, del que aparece registrado el TF 1188 V, matriculado en 1985.
Y después está la serie 6: Diseñada por el gran Paul Bracq, apareció en 1976 con los 630 y 633, para dar paso dos años más tarde al 635 CSI.
El primer 633 CSI registrado es el TF 7116 G, de 1977. Después llegaría el 635 CSI TF 2725 J. Y, finalmente, los M6, con el motor de 3,5 litros procedente del M1 y 286 CV. Incluso hubo alguno automático. El TF 7111 T, blanco, matriculado en 1984, todavía se conserva. Al menos diez unidades de este BMW Motorsport llegaron a Tenerife y otras trece a Gran Canaria.
Mientras los modelos deportivos alimentaban los sueños de los aficionados, las grandes berlinas representaban la otra cara de BMW: La serie 7 llegó en 1977 y fue una de las primeras familias de la marca en incorporar ordenador de a bordo. En Tenerife aparece el TF 5772 I, un 730 I matriculado en 1978. Después llegarían los 745 y, posteriormente, los impresionantes 750 I con motor de doce cilindros, 300 CV y 1.860 kilos de peso. El primer ejemplar registrado en la Isla fue el TF 3636 AC, matriculado en 1988.
Y si la serie 7 representaba el lujo, la serie 8 parecía diseñada para convertirlo en espectáculo: A partir de 1989 comenzaron a fabricarse aquellos grandes coupés de líneas elegantes y mecánicas de ocho y doce cilindros. El primer 850 registrado en Tenerife fue el TF 3223 AN, matriculado en 1990. También llegaron unidades con motor V12, como el TF 4657 BM, de 1993.
Y entonces apareció el Z: El nombre no era casual: «Z» procedía de Zukunft, futuro en alemán. Con un diseño de Ulrich Bez y sus características puertas retráctiles situadas bajo la carrocería, aquel deportivo parecía llegado de otra época. Solo se fabricaron 8.000 unidades de aquella primera serie, equipada con el motor del 325. En Tenerife se recuerdan varios ejemplares, entre ellos el de la familia García Campos, probablemente el TF 1074 AN, además de los pertenecientes al notario Carlos Sánchez y a Eugenio Alonso. Al menos seis unidades llegaron a Tenerife y diez a Gran Canaria.
Mirada desde hoy, esta larga sucesión de BMW puede parecer simplemente una enumeración de modelos, motores y fecha, pero no lo es: Cada matrícula es una pequeña cápsula del tiempo. Detrás del TF 6199 está Guillermo Rahn. Detrás de la TF 14398, un médico cardiólogo. Detrás del TF 7111 T, una familia que todavía conserva el automóvil. Detrás del GC 8473 D está la historia deportiva de Pepe Monzón y Enrique Cruz. Y detrás de cada uno hay una época: la Canarias de los años treinta, las carreteras de los cincuenta y sesenta, los primeros aficionados a las carreras, los automóviles que llegaban de Europa y sorprendían al pasar, los concesionarios de Santa Cruz y Las Palmas, los talleres, los coleccionistas y aquella inevitable mirada de quien escuchaba acercarse un motor diferente.
Porque un automóvil clásico no envejece como envejecen las cosas. Envejece, como envejecen las personas: acumulando historias: Quizá por eso resulta tan emocionante encontrar hoy un BMW antiguo que todavía conserva su matrícula original, escuchar cómo arranca o descubrir que aquel coche que durante años vimos aparcado en una calle fue, en realidad, uno de los primeros ejemplares de una saga que acabaría conquistando las carreteras de medio mundo.
BMW llegó a Canarias hace muchas décadas y desde entonces, sus coches no solo han recorrido nuestras carreteras. También han recorrido nuestra memoria.