La Graciosa, esculpida en identidad por Paco Curbelo

 Katia Candela Tongviset

El Parlamento de Canarias contará con la nueva pieza que incorpora la figura del burgado, creada por el escultor lanzaroteño, y representada como símbolo de la isla. 

La materia misma es la que me va guiando y yo me adapto. No intento imponerle completamente una forma, sino que escucho lo que el propio material me propone>>, proclamaba el artista Paco Curbelo. Una filosofía que resume décadas dedicadas a transformar piedra, mármol y otros materiales en obras que conectan con el paisaje y la identidad de Canarias. 

Esa forma cobra vida en la figura del burgado para la octava isla que entrará a formar parte del conjunto escultórico de la Cámara de Canarias, recuperando en piedra y memoria uno de los símbolos más reconocibles de La Graciosa. Una obra capaz de transmitir su identidad y provocar una conexión emocional. << Que sientan la emoción, y que sientan el material. Que conecten con eso>>, explica Curbelo. 

En el hall del Parlamento de Canarias, en Santa Cruz de Tenerife, su obra compartirá el próximo 16 de septiembre espacio con las otras creaciones escultóricas del archipiélago, subsanando la ausencia de la octava isla y logrando de esta manera la equidad territorial en la sede parlamentaria. 

Esta presentación institucional de la obra escultórica es muy significativa para el artista. El propio Curbelo reconoce que el encargo supone una importante responsabilidad. No se trata solamente de crear una pieza nueva, sino de sumarla a un conjunto que ya posee su propia historia y significado. La escultura debía encontrar su sitio sin perder identidad. Y ahí reside precisamente uno de los mayores desafíos del proyecto: representar a La Graciosa sin convertirla en una simple postal turística. La intención era llevar a la obra algo más difícil de capturar: su carácter, su paisaje y la memoria que despierta. La obra de Curbelo inscribe la experiencia local dentro de una geografía más amplia de trabajo, memoria y pertenencia. 

Concebida como una concentración de lo que significa la isla: las playas, el mar, la infancia y esa relación tan particular entre sus habitantes y un territorio que durante décadas ha sabido conservar una personalidad propia, en una imagen sencilla. Curbelo ha buscado inspiración en los paisajes, los recuerdos y las señas de identidad de la isla canaria. << El mar, la naturaleza, el movimiento…eso suele ser lo que me inspira>>, cuenta. Y precisamente de ahí parte una obra que pretende ser mucho más que una representación literal de un paisaje.

La escultura nace, por tanto, de una doble mirada. Por un lado, está la dimensión institucional: completar la representación de las ocho islas del Archipiélago en la sede de la soberanía popular. La otra es mucho más personal: la de un artista que conoce La Graciosa y que afronta el trabajo desde un vínculo emocional con ella. Manteniendo una coherencia estética con el espacio, aportando al mismo tiempo una mirada contemporánea y, conservando el vínculo con el conjunto previo del finado José Abad. 

El título de la obra retoma la figura del burgado como paisaje graciosero vivo como modelo de cuidado y expresión de protección. El burgado forma parte del ecosistema marino y costero de Canarias que hace posible la vida a lo largo de las costas. Curbelo extiende esa relación hacia un entorno atravesado por la responsabilidad, el cuidado, la resiliencia y la protección. Forma parte de la cadena alimentaria y contribuye al equilibrio de las comunidades de algas y microorganismos de la costa. <<El burgado, símbolo de la riqueza y singularidad del ecosistema costero canario, representa el vínculo entre la identidad de las islas y su patrimonio natural>>, expresa el artista. 

Paco Curbelo lleva más de cuatro décadas dedicadas al arte y es especialmente conocido por sus esculturas monumentales para espacios públicos, muchas de ellas relacionadas con el paisaje, la cultura y la identidad de Canarias. Desafía la distinción entre escultura y arte y reafirma el valor cultural de la materia pétrea. Es diestro con la piedra y especialmente basalto en Lanzarote, mármol y ónix, aunque también utiliza hierro, acero y otros materiales. Su estilo combina lo figurativo – personas, animales, tradiciones- con obras más abstractas. 

Entre sus obras más conocidas en Lanzarote destacan, por ejemplo: Homenaje al camello, en Uga; Homenaje a la Vela, en Puerto Calero; Monumento a las Comunidades, en Playa Honda… y muchas otras repartidas por toda la isla y en la Península. 

Además de su labor como escultor, fue profesor de Volumen en la Escuela de Arte Pancho Lasso hasta su jubilación. Hoy sigue volcado en la formación artística a través de la Fundación Curbelo Santana, que impulsa junto a su mujer, la pintora Rufina Santana. Desde ahí, la familia de artistas desarrolla proyectos que conectan arte, formación y naturaleza, con especial atención a la creación artística en Lanzarote y la divulgación de la obra de los artistas fundadores. 

Su deseo es claro: dejar un legado cultural y acercar el arte a las nuevas generaciones. Expandir sus obras hacia un entorno donde escultura, pintura, paisaje operan en conjunto. Una fundación que reflexiona cómo el conocimiento cultural se transmite, se traduce y se preserva a través de materiales, lugares y generaciones.