1992   Gorbachov descansa en Lanzarote

Mijail Gorbachov y su esposa Raisa visitaron la isla de Lanzarote en verano de 1992. El impulsor de las reformas económicas de la Unión Soviética buscaba oxígeno en medio de las duras críticas que surgían de su país por la grave crisis económica.

Gorbachov y Raisa, que aterrizaron el 26 de agosto en un avión de las Fuerzas Armadas Españolas tras recorrer el día antes la Exposición Universal de Sevilla, pensaban que habían viajado a una isla perdida en medio del Océano Atlántico, según confesión de ambos a los hermanos Carmelo y Martín Rivero en un reportaje que publicaron en el periódico “El País”. 

Su estancia en La Mareta, la mansión que construyó el Rey Hussein de Jordania y que acabaría por donar al Patrimonio Nacional, provocó un revuelo sin precedentes en la Isla. El acoso de los periodistas y curiosos lo compensó el paisaje y el clima de un lugar en el que el ex presidente de la Unión Soviética comenzó a escribir sus memorias. 

Con largas caminatas -a paso ligero- al caer la tarde y con baños a mar abierto en Costa Teguise, el padre de la Perestroika se recuperaba de las tensiones acumuladas tras el intento del golpe de Estado el 19 de agosto de 1991. Los periodistas que optaron por acompañar al matrimonio en sus paseos tuvieron verdaderos problemas para seguir el ritmo que marcaban ambos. 

Mijail Gorbachov aprendió a hacer una paella, probó el pescado típico canario -la vieja-, mostró en todo momento un talante campechano y se cansó de firmar autógrafos, el más curioso sobre una tabla de windsurf ilustrada con su rostro. Raisa disfrutó con las compras que realizó en la calle Real de la capital conejera. El Premio Nobel de la Paz, que en las dos semanas de estancia visitó Arrecife, Los Jameos del Agua y el Castillo de San José, donde le regalaron un timple, se dejó seducir por los colores blanco, verde y negro con los que César Manrique había fabricado la que él mismo definió como la isla utópica. A pesar de que Gorbachov pidió conocer al artista lanzaroteño, no fue posible porque esos días se encontraba fuera. Lamentablemente, a su regreso, dos semanas después, moriría víctima de un accidente de tráfico a escasos metros de la fundación que lleva su nombre. 

En su despedida, el mandatario soviético prometió volver para inaugurar junto a Ronald Reagan un monumento a la paz con dos misiles desactivados, uno ruso y otro norteamericano. En sus primeras vacaciones tras la grave crisis desatada en Moscú, Gorbachov no ocultó su preocupación por el complicado panorama económico y social que afectaba a su país, pero insistió en que el camino de las reformas era irreversible.