Por Juan José Laforet. Cronista Oficial de Gran Canaria
25 DE AGOSTO DE 1826
Gran Canaria no puede olvidar lo más mínimo, este 2026, que se ofrece cargado de efemérides, y sus correspondientes conmemoraciones, que fueron fundamentales para el devenir insular, como los cien años del vuelo del “Plus Ultra”, o los quinientos años de la Mina de Tejeda, los de la “Licencia para que se pueda poblar el puerto de las Isletas” -donde el Puerto de La Luz puede encontrar sus raíces modernas-, o los de la creación de la Real Audiencia de Canarias, el bicentenario del nacimiento del grancanario insigne Agustín Millares Torres, a quién, poco después de su fallecimiento se le honró rotulando con su nombre la antigua calle de “La Gloria” -o también conocida como “Los Barrera”-, donde vivió y murió, y que hoy da carácter e identidad a esta vía de enorme ser y sentir veguetero, como se recordó en la segunda parada del Paseo Nocturno por la Vieja Ciudad, de las Fiestas Fundacionales de este año.
Agustín Millares Torres nació, un 25 de agosto de 1826 en Las Palmas de Gran Canaria, donde falleció el 17 de mayo de 1896, en el seno de una familia muy enraizada en los ámbitos musicales y culturales de la ciudad. Notario, periodista, escritor, músico e historiador, estudió el bachillerato en el Seminario, único centro docente entonces disponible para ello, ingresando luego en la Escuela del Notariado de la capital grancanaria, donde obtuvo su título en 1846. En Madrid cursó estudios musicales en el Real Conservatorio Superior de Música, al tiempo que colaboró en diversas publicaciones, como “El Heraldo” o la popular revista “El Museo de La Familia”, en la que se publica un reportaje titulado “Catedral de la Ciudad de Las Palmas”, en el número del 25 de junio de 1848, entre las páginas 139 y 141, ilustrado con dos magníficos grabados, firmados ambos por el célebre ilustrador y grabador en madera Calixto Ortega Matamoros (Lillo, Toledo, 1811 – Madrid 1860), que pueden ser las primeras imágenes de la capital grancanaria que se publicaran en un periódico; se trata de “una vista de la fachada principal de la Catedral de la ciudad de Las Palmas en la Gran Canaria”, y el segundo “una vista trasera de la Catedral”.
Junto a su labor profesional, primero como periodista y profesor de música, o como Notario posteriormente, con una prestigiosa carrera que le valió ser elegido Decano del Colegio Notarial en 1878, desarrolló una intensa y fecunda labor archivística, recopilando y estudiando viejos documentos de enorme valor para la historia insular, como redactor de algunas obras como la “Historia General de las Islas Canarias” o la “Historia de la Gran Canaria”, como compositor de obras musicales de diverso signo, (marchas, composiciones religiosas, zarzuelas, canciones, etc..), o como director de la Orquesta Filarmónica. En toda esa actividad, como en su pertenencia a sociedades como la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas, la Sociedad Científica El Museo Canario –de la que fue uno de sus socios fundadores- o el Gabinete Literario, entre otras, mostró siempre, al igual que en sus textos, un talante liberal, con ideas cercanas al evolucionismo y al positivismo.
La figura de Agustín Millares Torres como comunicador, como intermediario de la cultura, incluso como gatekeeper, seleccionando lo que debe y lo que no debe ser transmitido, surge no sólo con el primer periodismo grancanario, sino con la profesionalización de este servicio, que él ejerció durante algunos años, en los que, circunstancias personales, le obligaron a una dedicación profesionalizada en más de un periódico.
Agustín Millares Torres abrió varias estirpes, que en la actualidad aún marcan la historia insular. Estirpes como la del periodismo isleño, la del orbe musical, la de la pasión por el estudio de la historia grancanaria y sus personajes o la de la dedicación incansable al mundo socio-cultural, asociativo, que en aquel siglo XIX daba sus primeros grandes pasos y al que él entregó buena parte de su vida, y por supuesto una estirpe familiar que, generación tras generación hasta la actualidad, ha aportado a Canarias nombres de enorme prestigio y trascendencia en ámbitos dispersos como la ciencia, la literatura, el arte o la música.