En pleno casco histórico de Vegueta se encuentra la Casa de Colón, un edificio que combina historia, cultura y arquitectura, y que constituye uno de los museos más visitados y emblemáticos de Las Palmas de Gran Canaria.
Su nombre hace referencia al célebre navegante y explorador Cristóbal Colón, quien hizo escala en este lugar durante su primer viaje a América en 1492. Aunque el edificio actual es resultado de diversas remodelaciones y restauraciones realizadas a lo largo de los siglos, mantiene intacto el espíritu histórico de una época en la que Canarias fue el puente entre Europa y el Nuevo Mundo.
La Casa de Colón tiene su origen en la antigua Casa del Gobernador de Gran Canaria, construida en el siglo XV. Se cree que Colón se alojó allí durante su travesía hacia América, aprovechando la estancia para reparar la carabela La Pinta y recibir apoyo logístico de las autoridades locales. Con el paso de los siglos, el edificio original sufrió transformaciones significativas, fusionándose con otras viviendas adyacentes de los siglos XVI y XVIII, hasta convertirse en el complejo que hoy conocemos.
Setenta años de historia viva
Fue a mediados del siglo XX cuando se decidió restaurar el edificio con fines culturales y museísticos, abriéndolo oficialmente al público el 18 de julio de 1951, cumpliendo en 2026 setenta años de su apertura. Desde entonces, la Casa de Colón ha servido no solo como museo, sino también como un espacio de investigación, conservación y difusión de la historia canaria y atlántica. Cada año, miles de visitantes recorren sus patios, salas y exposiciones, interesados en descubrir los secretos de la isla y su relación histórica con América.
Uno de los aspectos más fascinantes del centro museístico es su arquitectura, que combina elementos tradicionales canarios con influencias renacentistas y barrocas. Sin embargo, no todo es lo que parece a simple vista. Su impresionante fachada amarilla con motivos mitológicos y carabelas en la Plazoleta de los Álamos es en realidad una recreación del siglo XX, obra del artista grancanario Santiago Santana realizada en los años 50.
Al entrar en el museo, los visitantes descubren un conjunto arquitectónico cuidadosamente organizado. La casa se organiza en torno a cuatro patios principales, cada uno con estilos que varían entre el gótico, el árabe y el tradicional canario. El patio central, con su pozo gótico y arquería renacentista, es quizás el espacio más fotogénico del museo. En el interior también se conserva un gran arco renacentista procedente del antiguo Convento de Santo Domingo, que fue incendiado por piratas holandeses.
Exposiciones que viajan en el tiempo
La Casa de Colón alberga 13 salas permanentes en las que se relatan distintas épocas y eventos históricos. Entre las más destacadas se encuentran aquellas dedicadas a América antes del descubrimiento, donde se exhiben piezas precolombinas de gran valor, y las salas dedicadas a Colón y sus viajes, con mapas antiguos, instrumentos de navegación y modelos de las famosas carabelas.
El recorrido museístico se enriquece con espacios que recrean la vida de la época, como la réplica de una cabina de una carabela, una cocina antigua con vajilla de importación y piezas históricas como un cañón del antiguo castillo de Teguise. Además, el museo cuenta con una biblioteca y un centro de documentación especializada, consolidándose como un referente para historiadores, estudiantes y visitantes.
La sección artística es otro de sus grandes atractivos. En ella, se alberga una importante colección de pintura que abarca desde el siglo XV hasta el XX, incluyendo obras del pintor Eugenio Lucas Velázquez.
A todo ello se suma su programación expositiva temporal, que invita a redescubrir el museo en cada visita. Actualmente, los visitantes pueden disfrutar de ‘Alma de nácar. Enconchados, la luz de México’, una exposición que acerca la singular técnica de los enconchados novohispanos, donde se combinan pintura e incrustaciones de nácar para crear efectos luminosos únicos.
Esta iniciativa no solo permite admirar piezas únicas, sino que también contextualiza su origen en el intercambio cultural entre Asia, América y Europa a través de las rutas comerciales del Pacífico y el Atlántico. A través de las obras reunidas, el visitante puede comprender cómo esta técnica fusiona influencias orientales con la tradición pictórica occidental, dando lugar a un lenguaje artístico propio del México colonial. Además, la muestra dialoga de forma directa con el discurso del museo, al evidenciar los intensos vínculos históricos entre Canarias y el continente americano. Podrá visitarse hasta el 28 de junio de 2026, convirtiéndose en una oportunidad ideal para descubrir una faceta menos conocida del arte virreinal.