Nuestra Señora de las Angustias, La Republicana

José Manuel Ledesma Alonso. Cronista Oficial de Santa Cruz de Tenerife

La imagen de Nuestra Señora de las Angustias, hermosa talla de candelero que según la inscripción que aparece en su cuerpo “La hizo Miguel Arroyo y la dio a la Iglesia de El Pilar. Año de 1804″, está considerada la obra de mayor categoría escultórica de la parroquia de El Pilar, y una de las mejores tallas de arte religioso de esta capital, en la que llama la atención su atuendo de luto rigoroso, compuesto de túnica y manto de terciopelo negro, donde el blanco tocado rompe con la monotonía cromática. La vestimenta solo deja al descubierto sus entrelazadas manos y la desgarradora expresión de tristeza y dolor de su rostro por el que se deslizan las lágrimas. Esta Imagen saldría por primera vez el Viernes Santo de 1805, aunque vestida como una mujer hebrea, cuidado que llevaría a cabo su autor.


En la procesión de 1931, como los concejales republicanos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se negaron a pagar los haberes que le correspondían a la Banda de Música, por actuar en la procesión, y el Alcalde Emilio Calzadilla les abonaría sus honorarios de su peculio particular, los músicos, en gratitud a su generosidad, acordaron dedicarle una pieza musical que fuese de sus favoritas, utilizando el aria “Adiós a la vida” de la ópera Tosca de Puccini, que el director de la Banda Municipal de Música, Ricardo Sendra y Rius (Paganini), adaptaría a marcha procesional.


Este hecho daría lugar a que, durante los años que duró la Segunda República (1931-1936), la única imagen que saldría en procesión fuera Nuestra Señora de las Angustias, a pesar de estar prohibidas en el artículo 27 de la Carta Magna: «Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser autorizadas por el Gobierno”.


En las tres paradas que la Imagen hacía en su recorrido procesional, la Banda Municipal interpretaba el Adiós a la vida. En la primera, situada en la esquina de la calle Villalba Hervás con San José, porque un grupo de intelectuales de tendencia republicana tenía una afamada tertulia; la segunda, en la calle del Castillo, esquina con José Murphy, frente al domicilio del alcalde Andrés Orozco; y la tercera, en la esquina de la calle Teobaldo Power con Pérez Galdós, donde vivía Ramón Gil Roldán, humanista que supo compaginar su profesión de abogado con la política y la poesía, pues le habían amputado las dos piernas.


Desde entonces, su procesión del Viernes Santo a las doce del mediodía, que sale de la iglesia del Pilar y recorre las calles Suarez Guerra, Emilio Calzadilla, San Francisco, Castillo, Valentín Sanz y El Pilar, es uno de los pasos más esperados de la Semana Santa chicharrera, pues su presencia causa gran expectación a la vez que despierta el interés de unos y la curiosidad de otros, sobre todo cuando se detiene en la esquina de las calles Villalba Hervás con Bethencourt Alfonso, donde la Banda Sinfónica Municipal interpreta el Adiós a la vida, de la ópera Tosca de Puccini.