CENTENARIO DEL VUELO DEL “PLUS ULTRA”

Por Juan José Laforet. Cronista Oficial de Gran Canaria

22 DE ENERO DE 1926

Este año 2026 trae a Gran Canaria dos efemérides trascendentales para su devenir, una hace 500 años, cuando en este mundo atlántico, que entonces se abría a muchas y novedosas rutas, que cambiaron el destino de la humanidad, justo cuando crecía una nueva ciudad, con vocación cosmopolita y de encrucijada intercontinental, se entendía y se esperaba contar con un adecuado y bien dotado ámbito portuario, que atendiera las necesidades no sólo del tráfico marítimo insular, sino el de las navegaciones atlánticas, algo a lo que intentaba responder, además de facilitar el establecimiento y aumento poblacional de la época, la real “Licencia para que se pueda poblar el puerto de las Isletas”, dada en Granada el 19 de octubre de 1526, un verdadero presagio de lo que, ya entonces, se consideraba que debería ser un gran puerto en la bahía de las Isletas. La otra, hace 100 años, es como una continuación futurista de ese proyecto inicial, al abrir para la aviación, que entonces buscaba ya el papel preponderante que debería tener en las comunicaciones globales, esas mismas rutas intercontinentales en el atlántico sur. 

Desde comienzos de los años veinte del siglo pasado, Gran Canaria comenzaba a ser consciente de la importancia que lugares como el puerto de la Luz, o la bahía de Gando, tendrían para las nuevas navegaciones aéreas no sólo con Europa, sino en todo el ámbito atlántico. Aviadores españoles, franceses, portugueses o británicos tendrían a la isla como punto de escala ineludible, muy adecuado para las necesidades tanto de vuelo, como logísticas. Sería la Nochebuena de 1919 cuando el vuelo de Tolón a Dakar, pilotado por el aviador francés Henry Lefranc y Rouhaud, despertaría el asombro y la emoción de la capital grancanaria. El 30 de marzo de 1922 el vuelo de los aviadores portugueses Gago Couthino y Saccadura Cabral, a bordo del hidroavión “Lusitania”, entre Lisboa y Rio de Janeiro, ya tuvo como escala inexcusable al puerto de la luz y a la bahía de Gando, una gesta que Alonso Quesada elogiaba con asombro en una de sus afamadas crónicas “Gran portuguesada ésta de extender realmente el ánima sobre el espacio…”.  A todo ello se sumaría  el “Raid Larache-Canarias”, con tres aviones Breguet XIV bautizados “Archipiélago Canario”, “Tenerife” y “Gran Canaria”, este último patrocinado con 2.500 pesetas por el Cabildo de esta isla, y el Dorniel Wall pilotado por el capitán Ramón Franco, que despegaron de Cabo Juby el 18 de enero de 1924.

La aeronáutica pasó a ser uno de los temas y ejes fundamentales del debate social, económico y cultural de la sociedad grancanaria en los años veinte, con proyectos pioneros que incluso llegaron a llamar la atención del propio rey Alfonso XIII, que conoció el proyecto de crear un servicio aéreo permanente  entre la Península y Canarias, acordado el 20 de enero de 1922 por el pleno del Cabildo de Gran Canaria, a tenor de una iniciativa del teldense Carlos Navarro Ruiz, como consta en las actas de esa institución.

En ese despertar de la aviación en Gran canaria, como lo estaba haciendo en toda España y en el mundo, fue de enorme trascendencia la aventura del vuelo del “Plus Ultra” entre la localidad de Palos (Huelva) y Buenos Aires (Argentina), con una importante escala en la isla de Gran Canaria, a la que arribó el mismo día de la salida, el 22 de enero de 1926, tras ocho horas de vuelo “con tiempo muy brumoso, en términos tales que no vieron la tierra de Gran Canaria sino a unas veinte millas de distancia. Hubiera sido un contratiempo haberse pasado. Gracias á los aparatos de observación pudieron guiarse y orientarse debida mente”, volando a unas 95 millas por hora. Se iniciaba ese día la primera gran aventura de la aviación española, pero una experiencia de trascendental importancia para la historia de la aviación universal, y Gran canaria sería protagonista indiscutible de la misma en aquella gran época de la aviación.

El Diario de Las Palmas en aquellos días no dudó en señalar como “En vísperas de hacer escala en nuestra ciudad los intrépidos aviadores tripulantes del hidroavión Plus Ultra, en su admirable raid de Palos a Buenos Aires, que hoy conmueve al mundo entero, decíamos que tan magno acontecimiento sería para Gran Canaria, y de un modo especial para nuestra ciudad y nuestro puerto, de una importancia insospechada, de enormes proporciones, pues que la obligada estancia aquí de los aviadores españoles, habría de dar a Las Palmas y a su puerto de La Luz, un renombre y una popularidad universal”. Algo a lo que contribuyó decisivamente el vuelo del “Plus Ultra” y sus intrépidos tripulantes, el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada, primeros grandes héroes de la historia de la aviación española, y destacadísimos para la universal, que fueron recibidos y agasajados por la población grancanaria, sus autoridades y sus instituciones con grandes recepciones, homenajes y reconocimientos, convencida la isla, como apuntaba la prensa, que toda aquella aventura primigenia para las navegaciones intercontinentales, “se ha esparcido y se ha sabido por todo el mundo en las amplias informaciones que a las grandes agencias han dado su s corresponsales de Las Palmas”, añadiéndose como  “en sólo seis días se ha hecho por nuestra ciudad y por nuestro puerto, la mejor propaganda que pudiera hacerse en muchos, muchos años”, pues este “raid demostrará seguramente la posibilidad de la comunicación aérea de España con los países de Sud América, y servirá para alentar a los constructores de aviones a perfeccionar el material que las dificultades que puedan encontrarse en este vuelo desaparezcan”.

El vuelo del avión “Plus Ultra” que abrió los vuelos intercontinentales en el Atlántico sur, entre Palos de la Frontera, Huelva, y Buenos Aires, con una sustantiva escala en Gran Canaria, donde este precursor hidroavión entró por el Puerto de La Luz y partió por la Bahía de Gando, fue un momento de verdadera celebración y júbilo entre toda la población de Gran Canaria, que entendía como, con la aventura de aquellos arrojados aviadores, se abrían para la isla las puertas del futuro, y se potenciaba su papel como encrucijada en el Atlántico.