Por Eduardo Doménech Martínez, Catedrático de Pediatría de la ULL (jubilado)
Acabamos de pasar la Navidad y los Reyes Magos y muchas familias se han enfrentado a dos dilemas sobre qué tipo de regalos hacer a sus hijos y que cantidad de obsequios era la adecuada. En este sentido, nos centraremos en los regalos para niños menores de 10 años.
Elegir el regalo adecuado para un niño menor de 10 años depende mucho de su etapa específica de desarrollo. No es lo mismo un pequeño de 3 años que está descubriendo texturas, que uno de 9 que ya busca desafíos lógicos o sociales. Para la etapa del desarrollo 3 a 5 años (pre-escolares), el juego es simbólico y buscan imitar a los adultos y explorar su entorno. Para ello, tenemos los juguetes de construcción simple (bloques de madera o estuches tipo LEGO); los de juego de rol como cocinitas, maletines de doctor o herramientas de carpintería; los creativos como plastilinas de colores, pizarras mágicas o pinturas de dedos lavables; y los de movimiento como bicicletas de equilibrio (sin pedales) o patinetes de tres ruedas.
Para los niños de 6 a 8 años (primeros años de escuela) —es la etapa de la curiosidad infinita y el desarrollo de habilidades sociales más complejas— se aconsejan los juegos de construcción más complejos como LEGO clásico o estuches para armar vehículos; los juegos de mesa iniciales como el Monopoly Junior o juegos de cartas rápidos; los libros de lectura inicial como cuentos ilustrados con poco texto; colecciones populares (como jugadores de futbol) y el equipamiento deportivo, como balones de fútbol, cuerdas para saltar o un equipo de protección para patinar.
Para los niños de 9 a 10 años (pre-adolescencia) que buscan independencia, retos mentales y tienen intereses más definidos (tecnología, ciencia o arte), estarían indicados los juguetes de ciencia y robótica como los experimentos químicos seguros, estuches para hacer pulseras, microscopios o robots para armar; los de tecnología como relojes inteligentes para niños o cámaras de fotos; los de estrategia y lógica como los juegos de mesa o cubos Rubik de distintas formas, y experimentar nuevas experiencias como entradas para un parque temático,taller de cocina para niños, volar cometas, pintar acuarelas, etc.
Y para finalizar esta parte, unos consejos rápidos para acertar:
a) Calidad sobre cantidad: un juguete duradero y bien diseñado suele ser más apreciado que muchos pequeños que se rompen rápido.
b) Consulta los intereses: cuál es su personaje, animal o deporte favorito actual, pues a estas edades los gustos cambian rápido.
c) Seguridad: debemos revisar siempre la edad recomendada en la caja, especialmente evitar piezas pequeñas en niños menores de 5 años.
El otro dilema es la cantidad de regalos porque lo que parece un acto de generosidad, puede tener un efecto rebote en el desarrollo emocional de los menores. A este respecto la Prof. MJ Garcia-Rubio, experta en este campo por la Universidad Internacional de Valencia, alerta sobre la anestesia del deseo, un fenómeno neurobiológico provocado por el exceso de regalos que anula la capacidad de disfrute del niño. Este síndrome se describe por la sobreexposición a estímulos gratificantes como regalos constantes o recompensas inmediatas, lo que reduce la sensibilidad del sistema de recompensa del niño, de forma que, a corto plazo, se produce un pico dopaminérgico intenso asociado a la novedad. Sin embargo, cuando los regalos son demasiados o muy frecuentes, el cerebro deja de percibirlos como algo especial y el mecanismo de recompensa se satura y deja de reaccionar. La consecuencia directa es que el deseo pierde su función de motor motivacional y se convierte en una búsqueda continua de más estímulo pero con menos capacidad de disfrute real.
Las 5 señales de alerta del niño hiperregalado serían:
1. Pérdida rápida de interés: los juguetes o actividades nuevas se abandonan enseguida.
2. Baja tolerancia a la frustración: el niño se irrita fácilmente cuando algo no es inmediato.
3. Demandas crecientes de novedad: actúan como si nada fuera suficiente.
4. Confusión entre deseo y derecho: creen que pedir equivale a merecer automáticamente.
5. Disminución del valor emocional: los objetos se vuelven intercambiables y carentes de significado.
Cuando la experiencia repetida es quiero, luego tengo, el niño no entrena procesos esenciales como la demora de la gratificación o la perseverancia. Esto no solo afecta a la convivencia en casa, sino que repercute directamente en su rendimiento académico, ya que el estudio requiere una capacidad de esfuerzo que no están entrenando.
No se trata de prohibir los regalos, sino de aplicar una regla de oro para un consumo consciente. Menos es más cuando se acompaña de significado, de forma que cada regalo responda a tres criterios claros: sentido, utilidad y proporción. Asimismo, se recomienda priorizar las experiencias compartidas (tiempo de calidad, actividades al aire libre o culturales) frente a los objetos materiales, pues estas vivencias activan redes cerebrales vinculadas a la conexión social y la autorregulación, mucho más estables que los circuitos dopaminérgicos asociados a la novedad material.
Por lo tanto, regalar menos no significa querer menos, por ello, debemos buscar regalos que eduquen, acompañen y construyan recuerdos significativos.