En Tejeda, entre montañas que guardan memoria y sabores que cuentan historias, hay una dulcería que se ha convertido en parada obligatoria para residentes y visitantes. Nublo no es solo un obrador, es el resultado de la constancia, el cariño por la repostería artesanal y una receta que ha sabido conquistar paladares dentro y fuera de la isla. Al frente está Rosa María, alma de un proyecto que nació desde lo cotidiano y que, sin buscarlo, encontró en sus palmeras un símbolo de éxito y tradición renovada. Hablamos con ella sobre los inicios, el esfuerzo y el dulce camino que ha llevado a Nublo a convertirse en todo un referente.
¿Cómo nace la dulcería Nublo y cuál es tu historia personal ligada a este proyecto en Tejeda?
La dulcería la fundó mi suegra Dolores Navarro en 1946, es decir, que este año cumplimos 80 años. Yo llegué a la dulcería porque me casé con su hijo, José Antonio, estaba enamorada de él y lo estoy, por supuesto, pero no sabía qué me iba a gustar tanto este mundo.
Me he volcado por completo en ella, en trabajar duro y en hacer muchas cosas nuevas. Hemos hecho equipo tanto a nivel familiar como empresarial, siempre junto a él y aquí seguimos, al pie del cañón, como se suele decir.
Ahora, poco a poco, le he ido soltando las riendas a nuestro hijo para poder desvincularnos un poco, ya tengo 61 años y este trabajo es duro y cansado pero muy satisfactorio a la vez.
¿Qué te llevó a apostar por la repostería tradicional en un pueblo con tanta identidad como Tejeda?
Como te comenté antes, la dulcería la heredó mi marido y optamos por quedarnos en el pueblo. Para nosotros es, en cierto modo, una razón de vivir.
Hemos apostado por Tejeda, date cuenta de que, solo para vender un paquete de suspiros o palmeras, tenemos que recorrer 40 kilómetros. Pero tener de vecinos al Nublo o al Bentayga, no tiene precio.
Vivir en el campo te ofrece otra forma de entender la vida, pienso que si fuéramos a una zona industrial, perderíamos nuestra esencia. Como yo le digo a Chicho, el alcalde, de aquí no hay quien nos mueva.
Mi hijo va por la misma línea que nosotros. Tú no sabes lo que es levantarte y respirar aire puro, vivir con unos excelentes vecinos es lo mas cerca de estar en el paraíso.
¿Cuándo y cómo aparecen las palmeras en su historia: fue una casualidad o una apuesta consciente?
Las palmeras aparecen de forma casual. Mi suegra las hacía normal y de chocolate y después uno empieza a viajar, a conocer otros sitios, otros lugares y se te ocurren cosas. Como las palmeras nuestras son hechas de forma artesanal, podemos crearlas al gusto de la propia clientela, como por ejemplo las de queso con arándanos, la de naranja, es que tenemos más de 30 variedades. Hasta los clientes nos piden la de chocolate amargo con millo salado y la verdad que está buenísima. En definitiva, hemos apostado por la variedad, el trabajo artesanal y de calidad.
¿Qué tienen sus palmeras que las hace tan especiales y reconocibles para quien las prueba?
¿Me estás preguntando que qué tienen que no tienen las demás? Yo sé lo que tienen las nuestras, que son hechas a mano y ni una se parece a la otra. Ya te digo, el trabajo es artesanal. Y yo creo que también por la calidad del agua, el agua que se le pone al hojaldre. Nuestra agua es buena, de manantial, de una calidad superior a pesar de que es el agua del abasto, la del grifo que hasta la usamos para beber. Yo creo que también es un poco eso y algún secreto más que no te vamos a contar.
¿Esperabas que alcanzaran el éxito y la repercusión que tienen hoy?
No esperábamos ninguna repercusión con las palmeras, bajo ningún concepto. Nos guiamos por los gustos de la gente, vamos probando y, cuando te das cuenta, tienes una parte del mostrador llena de variedad de palmeras.
Lo más gracioso es que las palmeras las consume sobre todo la gente joven, la gente como nosotros también, pero llegan mucho a la gente joven. Y después los jóvenes te preguntan: “¿qué me recomiendas para mi abuela, que le gusta la almendra?”. Entonces, al final, se llevan un poquillo de todo.
Pero bajo ningún concepto pensábamos que la dulcería fuera a tener tanto éxito como ha tenido a lo largo de los años, sobretodo las palmeras. La dulcería ha cambiado principalmente por las palmeras, todos los días lo primero que hacemos es preparar las palmeras, preparamos dos o tres carros de palmeras a diario y viene mucha gente a buscarlas.
¿Cómo ha cambiado el día a día de la dulcería desde que las palmeras se convirtieron en el producto estrella?
Tenemos una rutina de trabajo, mejor no les decimos a la hora que empezamos para que no se asusten, pero realmente es trabajo, y no solo hacemos palmeras, hacemos mucho más.




¿Qué retos supone mantener la calidad artesanal con una demanda tan alta?
El reto es seguir, seguir sobre todo con la calidad y con lo artesano. Todavía, como sabes, mantenemos el horno de leña y seguimos con la tradición. Nosotros eso no lo vamos a cambiar.
Hemos subido el precio tres veces en este año porque la materia prima está carísima y yo no voy a cambiar una materia prima de calidad por otra que no me gusta. Siempre le digo a mi hijo que la prioridad es mantener la calidad, el servicio y el cariño que le pone uno a cada cosa, también el esmero en atender a la clientela.
¿Qué siente al ver que hay personas que vienen expresamente a Tejeda solo para probar las palmeras?
Una satisfacción que no te puedes imaginar y que yo no sé expresarlo con palabras. Pero no solo las palmeras, esta Navidad ha sido lo nunca visto con ese invento de las luces, ha sido verdaderamente increíble.
Mirando al futuro, ¿qué sueños o proyectos te gustaría seguir cumpliendo desde la dulcería Nublo?
Tenemos 28 empleados y eso hay que mantenerlo. Le pedimos a la Virgen del Socorro que sigamos como estamos, no pedimos más. Y que somos un ejemplo de que se puede hacer industria desde un pueblo como Tejeda respetando el lugar y nuestra historia. Te voy a decir un secreto, mi suegra se murió hace ocho años y, desde ese día, no hemos cerrado la dulcería ni un solo día del año. No queremos que las personas que vengan a Tejeda a buscar un dulce, encuentren la dulcería cerrada.
Cerramos únicamente, por supuesto, cuando se murió mi suegra, que fue la fundadora. Pero hay que ser responsable, tener mucha constancia y creer en lo que uno está haciendo.
Pero no solo hacen palmeras, hacen mucho más, ¿qué otros productos elaboran?
Claro, tenemos una buena selección de dulces y productos, como el bienmesabe, un mazapán que quita el sentido, en Navidad los polvorones, las almendras rellenas y otros dulces que tienen que venir a probar.
Dulcería Nublo cumple 80 años fiel a una forma de trabajar que no entiende de prisas ni atajos. Calidad, tradición y compromiso con su gente son las claves de un proyecto que sigue creciendo sin perder su esencia. De lunes a domingo en horario de mañana y tarde.